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Cambio de esquemas en el sector bancario

La explosión del fenómeno fintech ha puesto de manifiesto la necesidad latente de nuevas herramientas que permitan acercar las finanzas al público general y no solo a personas con conocimiento financiero o patrimonio elevado. En este punto, el debate entre el potencial conflicto de la banca tradicional y las fintech está más candente que nunca.

Revolución es la palabra que define el rol de la tecnología en la era digital. Su aplicación en los diferentes ámbitos de la economía e industria está repercutiendo en un engrandecimiento y maximización de los servicios hacia todo tipo de públicos. En este punto, lo tradicional queda desplantado por lo innovador. Según la gestora de fondos de inversión AXA Investment Managers, las empresas necesitan adaptar continuamente sus modelos de negocio con el fin de desenvolverse en esta era de evolución tecnológica y sociopolítica. Según Capgemini, el 52% de las empresas que figuraban en la clasificación Fortune 500 en el año 2000 se han fusionado, han sido adquiridas o han quebrado. Con el fin de gestionar la disrupción, las empresas están invirtiendo en centros de innovación para optimizar y transformar su funcionamiento a todos los niveles.

Existen cuatro grandes tipos de centros de innovación, que difieren en sus objetivos y el grado de inversión requerida: laboratorios de innovación internos (al estilo Walmart), centros académicos (laboratorio automovilístico de VW en Stanford), aceleradores de startups y oficinas de innovación (por ejemplo, Renault-Nissan en Silicon Valley). Dominan las aceleradoras de startups, seguidas de los laboratorios de innovación internos, que representan más del 85% de estos centros de innovación. Un rasgo determinante de las empresas innovadoras es que poseen una destreza digital que les confiere la capacidad de adoptar tecnologías que les permiten ser verdaderamente digitales. Eso les permite responder a los cambios y disrupciones y aprovechar las oportunidades rediseñando las operaciones de forma mucho más rápida que sus competidores.

Los nuevos desarrollos tecnológicos y marcos legales sugieren el fin de la banca ‘por inercia’

Aquí hay quienes piensan que la transición digital es un proceso de destrucción creativa que conlleva una ingente creación de valor por parte de algunas empresas y destrucción de valor por parte de otras. Por ahora, la creación de valor ha comenzado claramente, como demuestran los valores GAFA, pero la destrucción de valor no se ha materializado todavía, salvo en sectores donde la disrupción digital llegó primero (medios de comunicación, música y electrónica de consumo). Del mismo modo, el sector tecnológico está beneficiándose de un amplio optimismo que se extenderá a un mayor número de industrias con la aparición de áreas como fintech, foodtech, insurtech, legaltech, etc. Precisamente es el sector fintech, término acotado para definir a las finanzas tecnológicas, el que más cambios ha experimentado.

Su aparición en el mercado ha puesto de manifiesto la necesidad latente de nuevas herramientas que permitan acercar las finanzas al público general y no solo a personas con conocimiento financiero o patrimonio elevado. En este punto, el debate entre el potencial conflicto de la banca tradicional y las fintech está más candente que nunca. Según la firma inglesa de gestión de activos, Jupiter, allí donde la crisis financiera suscitó la pregunta de si los gigantes bancarios eran “demasiado grandes para quebrar”, las fintech están planteando si son “demasiado grandes para cambiar”. Durante décadas, los grandes bancos han disfrutado de una defensa natural en forma de inercia de los clientes. Ello se ha debido a la escasa transparencia y la comodidad de los productos empaquetados, que les han permitido actuar como una ‘ventanilla única’ para la contratación de servicios financieros. Sin embargo, el desarrollo tecnológico, los nuevos marcos legales para mejorar la transparencia y el auge de los millennials, que están totalmente familiarizados con lo digital y ya utilizan proveedores de pagos no convencionales como Apple, Google, PayPal y Facebook, sugieren que la era de la banca ‘por inercia’ podría estar tocando a su fin.

Puede acceder al contenido completo en el Anuario 2018 de Computing

Computing 775