Hacia una gestión eficiente de los servicios de TI
Antonio Crespo de la Mata, director general de Quint Wellington Redwood Iberia
Dicen los expertos que la economía se comporta en base a unos determinados ciclos, de mayor o menor duración, y que una parte de los condicionantes que motivan los puntos de inflexión son de índole psicológica y, por ende, difícilmente predecibles a priori. A pesar de que la tecnología pueda parecer por definición más tangible, y los condicionantes de su evolución sean por añadidura más objetivos y medibles, estamos asistiendo a una evolución en los planteamientos que hace pensar en una convergencia entre los ciclos que afectan a la economía y aquellos propios del mundo tecnológico.
Hace unos años, la principal preocupación de las empresas radicaba en contar con la infraestructura suficiente hardware y software- para ir cubriendo las necesidades de sus negocios respectivos. Posteriormente, y tras la crisis de comienzos de esta década, asistimos a un drástico recorte de las inversiones en tecnología, lo que a su vez dificultaba la conversión de los departamentos de informática en centros de valor añadido.
Hoy en día, el mercado está experimentando un cambio de tendencia, motivado por diferentes factores. En primer lugar, se ha puesto de manifiesto la importancia de las nuevas tecnologías como fuente generadora de ingresos para las empresas. Los sectores bancario y de telecomunicaciones están siendo los primeros artífices de este cambio, si bien la administración pública y las empresas industriales con fuerte componente logístico están también comenzando a acometerlo.
Por otro lado, recientes regulaciones y directrices Sarbanes-Oxley, Basilea…- constatan la importancia de la tecnología como factor de sustento de los negocios al ser la responsable de gestionar el bien más preciado de toda empresa, la información. Y el componente económico desempeña también un importante papel, no sólo en términos de reducción de coste a través de la reducción del Coste Total de Propiedad, principal máxima de hace un par de años- sino también en cuanto a la justificación en base a parámetros de rentabilidad de la inversión y otros conceptos más afines a los propios departamentos de negocio de las empresas. No podemos dejar de constatar el factor psicológico, intrínsecamente relacionado con la aparición de modas y el consabido refrán sobre las barbas del vecino…
En definitiva, la conocida máxima de alineamiento entre negocio e IT está comenzando por la utilización de un lenguaje común, primer paso para poder caminar en sintonía y definir los posicionamientos estratégicos de la empresa en el futuro.
Conceptos como outsourcing, offshoring, estandarización, mejores prácticas de procesos, etc. están cobrando cada vez mayor importancia dentro del mundo tecnológico. Pero no debemos caer en el error de considerar que la función de IT dentro de la empresa es estándar, prescindible y externalizable. Antes al contrario, debemos partir de la asunción de que la función ha necesariamente de evolucionar hacia la provisión de servicios de valor, apoyándose en la estandarización para aquellas funciones que lo requieran, pero adoptando un papel de dirección y liderazgo estratégicos para el negocio, e incidiendo en la gestión eficiente del rendimiento del departamento de IT.
Actualmente, son muchas las empresas que están comenzando a apuntarse a las mejores prácticas como filosofía de gestión de sus departamentos tecnológicos. ITIL, CMM, CobIT, ISPL… son algunos de los ejemplos de metodologías de gestión especializadas para los entornos TI. Todas ellas son absolutamente válidas y contribuyen a dar uno de los pasos necesarios para una adecuada gestión de los departamentos tecnológicos.
Pero no debemos caer en el error de considerarlas como fines en sí mismos, como en su día hicimos con la tecnología. Los procesos son otro medio para la consecución de resultados, y como tal, deben estar al amparo de unos objetivos claramente definidos que permitan no sólo conseguir una mejora de la eficiencia, sino también medir los pasos de dicha mejora a través de nuestra gestión. Por todo ello, tenemos que preocuparnos principalmente por los objetivos perseguidos y ser capaces de definir unas métricas, indicadores o valores que aseguren que estamos en el camino adecuado para la provisión de servicios de valor para el negocio.





