NoticiasMundo digital

Lectura veraniega: La era del CIO digitalis

Estamos en la época del homo digitalis, que se caracteriza por saber de todo y no saber de nada.

No precisa de memoria, porque para ello existe un repositorio central que le surte de información en el momento que la precisa. La wikipedia le hace pasar por un ser culto y Google le ayuda a recordar las fechas y datos, apuntarle los eventos importantes y, en suma, dictar su vida. Conoce el cumpleaños de sus amistades, gracias a Facebook, que le proporciona amigos a tutiplén, como una máquina social inacabable. El homo digital no leerá nunca un libro en papel, llevará miles de ellos almacenados en su ebook de diseño y podrá alardear ante sus conocidos de una bibliografía sin límites.

Para el homo digitalis el periódico de papel le resulta ordinario, casi grosero. El ciclo de vida informativo es cada vez más corto. En el quiosco, yacen ejemplares cadáveres mientras las noticias pululan en la red como peces descarados. La prensa tradicional está herida de muerte, necesita recuperar sus esencias o al menos encontrar un sitio en un mundo donde las urgencias son cada vez mayores. Urgencias que se justifican en pro de la innovación y del progreso, pero que carecen de sentido desde la visión del homo industrialis, la actual especie dominante que se encuentra en fase de declive. De la misma manera, la vida de un tuit es efímera, salvo que consiga auparse en el trending topic.

El homo digitalis es como un escarabajo pelotero que va modelando una gigantesca bola de bits

El homo digitalis es como un escarabajo pelotero que va modelando una gigantesca bola de bits, una gigantesca bola que puede terminar sepultándole. Pero no importa, solo tiene ojos para su dispositivo móvil y en los bares y en los restaurantes, apenas presta atención a las conversaciones, porque su timón es un smartphone de la manzana al que se entrega con una pasión inaudita. El silbido de un whatsup es un canto celestial. Aunque tenga delante una persona de talento; quedará relegada y postergada, por un mensaje mal escrito que le informará de alguna insustancialidad o de un cotilleo irrisorio. El homo digitalis siempre sabe qué hacer en el momento preciso. Conoce los garitos de moda y las aplicaciones que más pitan, porque es un experto en su tienda de apps. El GPS no tiene secretos para él, ni tampoco la jerga de los freakis, de la que hace gala en cualquier momento. Y usted, señor CIO, ¿se ve reflejado en este retrato? ¿concuerda con alguna de estas características? Si es así, enhorabuena, cumple con todas las condiciones para convertirse en el CIO Digital del futuro.

El mainframe esta demodé, y no digamos el vetusto PC que lo quieren pasar a mejor vida.

La tableta es lo que pita, y el wereable device, las gafas de Google, el Apple Watch marcan tendencia. Todo está viajando a la nube y nos desprendemos de cualquier propiedad que nos hipoteque. Pero a cambio entregamos nuestra libertad, cedemos nuestra autonomía y nuestro sentido de la propiedad. El CIO industrialis está acosado por todos los frentes y, especialmente, por un clima de opinión totalizadora que no deja espacio a críticas o reticencias. La fe absoluta en la tecnología es la razón de ser del homo digitalis, es su cancha de juego y donde mejor se desenvuelve. La tarea pasa por digitalizar el mundo primero y digitalizarnos después, sin tener en cuenta los jirones que dejamos de nosotros mismos en el camino. Pero para el nativo digital parece no existir lastres, ni cargas morales, ni prejuicios, ni cambio cultural. Esa es su gran victoria sobre sus ancestros burgueses, no temer al cambio y relativizar el futuro, porque, entre otras cosas, su horizonte vital parece estar determinado que nunca.

Computing 762