OpiniónMundo digital

¿Cómo afecta la transformación digital al tejido empresarial español?

Juan Rosell, Presidente de CEOE, habla acerca de los efectos de la transformación digital.

Es innegable que la tecnología ha transformado múltiples aspectos de nuestra vida. La manera de relacionarnos con otras personas y con el entorno, el modo de hacer negocios, las comunicaciones, las relaciones con las administraciones e, incluso, la forma de trabajar, son ejemplos evidentes de dicha transformación.

Según todas las previsiones, estos cambios que a nosotros nos parecen tan profundos, van a seguir produciéndose, si cabe, con mayor intensidad, constituyendo lo que ya se ha denominado como ‘cuarta revolución industrial’.

Una revolución basada en la digitalización, y que abre las puertas a nuevos modelos de negocio marcados por productos y servicios caracterizados por el análisis de ingentes cantidades de información en forma de datos que, de forma diaria, son intercambiados y almacenados por los dispositivos digitales. El desarrollo del Internet de las Cosas y la adopción de las tecnologías cloud y Big Data, entre otras, constituirán una herramienta fundamental a la hora de definir las estrategias empresariales.

Los beneficios que aporta la transformación digital son múltiples. En el ámbito de los procesos, la introducción de las últimas tecnologías supondrá una mejora de la eficiencia, aportará flexibilidad y optimizará los recursos reduciendo plazos y costes. En lo que respecta a los productos, posibilitará su ‘personalización’ para desarrollar así soluciones a medida, lo que contribuirá al enriquecimiento de la experiencia de compra de los consumidores finales.

Pero una de las grandes ventajas de este modelo es la de eliminar las fronteras físicas, posibilitando el acceso a nuevos mercados en tiempo real y a un coste razonable. Las empresas españolas deben prepararse para aprovechar las posibilidades que ofrecen la economía digital y el entorno de Internet, con el objeto de ampliar su ámbito de negocio y desarrollar así sus procesos de internacionalización.

Sin embargo, la transformación digital supone, al mismo tiempo, un importante reto para las empresas, en especial para las pymes, que en España constituyen más del 99% del total. Para afrontar este desafío lo primero que debería hacer una empresa es un diagnóstico certero de sus necesidades tecnológicas, para, de esta manera, adquirir los equipos y las habilidades que realmente supongan un salto de calidad en su modelo de negocio.

Y es llegados a este punto, el momento en que las empresas son conscientes de sus necesidades y han diagnosticado con certeza sus debilidades y fortalezas tecnológicas, cuando se enfrentan a los grandes problemas de la economía española en los últimos años, entre otros, la escasez de financiación y un marco regulatorio excesivo y rígido.

La hiperregulación supone un importante hándicap para las empresas españolas y, por qué no decirlo, también para las europeas, lo que implica que sean menos competitivas en comparación con las de otras áreas geográficas con un entorno regulatorio más favorable y flexible.

En el caso concreto de España, es necesario asegurar la correcta y total implementación de medidas como la iniciativa Industria Conectada 4.0, puesta en marcha recientemente por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, y que viene a complementar lo ya desarrollado por la Agenda Digital para España y la Agenda para el Fortalecimiento del Sector Industrial. Es del todo necesario que este proyecto se amplíe a todos los sectores y que tenga continuidad en la próxima legislatura, para que sea realmente útil para nuestra industria.

Del mismo modo, a nivel europeo, resulta necesaria la puesta en marcha efectiva del Mercado Único Digital, el cual constituirá el terreno de juego donde las empresas que hayan abordado con éxito un proceso de transformación digital puedan acceder a un enorme mercado potencial donde comercializar online sus productos físicos y/o digitales.

En definitiva, garantizar la competitividad de nuestras empresas debe ser un principio irrenunciable, si no queremos perder la oportunidad que nos brinda esta nueva revolución industrial ligada a la digitalización, que ya ha cambiado nuestro presente y que, sin duda alguna, escribirá nuestro futuro.   

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