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Economía digital: creadores o consumidores

Por Pedro Mier, Presidente de Ametic.

Es un hecho que vivimos en la cuarta revolución industrial. Si en su momento la transformación la lideraron las máquinas y la producción en cadena, hoy la sociedad se ve inmersa en una completa revolución como consecuencia del impacto de las tecnologías digitales en todos los ámbitos de la economía y de la vida. La línea que separa actualmente la economía tradicional de la digital es cada vez más difusa, resultando imposible diferenciar una de otra. Con la irrupción de las tecnologías móviles, los sistemas de almacenamiento y análisis masivo de datos, las smart cities, la inteligencia artificial, la ciudadanía digital en países como Estonia o los avances en robótica, el debate en torno a la digitalización y su impacto en la sociedad ocupa un papel prioritario en todas las conversaciones y análisis sobre el futuro.

En el contexto de la UE, el Mercado Único Digital, propuesto por la Comisión Europea para todos los estados-miembro, supone una de las mayores oportunidades, tanto para nuevas empresas como para las ya existentes. Su objetivo es derribar los muros entre los países y proteger a los usuarios europeos desde la propia Unión Europea. El Mercado Único Digital traerá consigo ventajas para las nuevas empresas y para las ya existentes que permitirán aprovechar mejor el potencial mercado de 500 millones de personas. Según la última edición del Índice de la Economía y Sociedad Digitales (DESI) que presenta la Comisión Europea y que aborda temáticas como la digitalización, la virtualización y el tráfico de contenidos, España ocupa el puesto 14º de los 28 países que componen la Unión Europea. Para que la sociedad española pueda equipararse a potencias como Alemania, Japón, Corea del Sur, Suiza, Israel o Estados Unidos, es necesario que, tanto ciudadanía como administraciones públicas, conciban la digitalización como una oportunidad y una prioridad en la forma de entender y abordar los negocios.

Aunque el Gobierno Central parece ser consciente de la relevancia de este sector económico, todavía no hay una conciencia social de lo que hay en juego, que es ni más ni menos que el mantenimiento de las pensiones y de los beneficios de la sociedad del bienestar, ya que de nuestro papel como actores o usuarios en la nueva economía digital dependerá no solo el número, sino sobre todo la calidad y la retribución de los empleos que se creen.

Hay que trabajar en conseguir el círculo virtuoso: 'más empleo, más productividad, más salarios'

Nuevos empleos

Un estudio reciente compartido en el Comité Ejecutivo de la patronal europea Digital Europe, de la que Ametic es socia, y elaborado por una de las asociaciones nacionales que forman parte, después de analizar el impacto de la digitalización en el mercado de trabajo en el horizonte de 2030, tras examinar y refrendar con encuestas en los 16 sectores más importantes de su economía, llega a la conclusión de que por cada empleo destruido por la digitalización, se crearán 3,7 nuevos empleos, lo que a su vez creará un grave problema, si no se actúa inmediatamente para reciclar, formar e importar un número suficiente de profesionales con habilidades adaptadas a la nueva demanda. Sin un esfuerzo con la dotación económica necesaria para poder impartir esta clase de formación, el futuro de España en la Economía Digital se frenará inevitablemente hasta posicionarse en una de las dos caras de la moneda; la de solo-compradores de este tipo de servicios.

Por otro lado, para que los nuevos empleos estén bien retribuidos, con el impacto que ello supone para el mantenimiento de las pensiones y otros beneficios de la sociedad del bienestar, es imprescindible un aumento de la productividad, cosa que solo ocurrirá si son parte y consecuencia de un continuado ‘esfuerzo país’ en innovación, ya que en la nueva economía es la única arma competitiva eficaz, siempre que los mercados sean abiertos suficientemente a la competencia, cosa que la naturaleza global de la digitalización, favorece.

Compra pública innovadora

En esta línea, el impacto que tiene el sector público, como primer demandante de tecnologías y productos e-TIC, en el futuro de nuestra economía es determinante. El papel de la demanda pública es crítico para el aprovechamiento de las oportunidades que la digitalización de la sociedad ofrece. Así lo han entendido los países que están ejerciendo el liderazgo digital (EEUU, Japón, Corea, China, países escandinavos, etc.). Figuras como la demanda temprana, la compra pública innovadora o la innovación por misiones, según la terminología de la profesora Mariana Mazzucatto, basada en grandes proyectos transformadores de país, lo que en Ametic hemos bautizado como ‘macroproyectos tractores de país’, son imprescindibles para el éxito competitivo de nuestro país en el nuevo mundo digital, donde la innovación se ha convertido en la única arma para competir y mejorar la productividad de manera sostenible a largo plazo. Estas acciones junto con un plan de apoyo al desarrollo en España de ‘tecnologías habilitadoras’ (KET - Key Enabling Technologies, en la terminología de la UE) deben ser la base para que España se convierta en ‘creador y actor’ y no solo consumidor de los nuevos productos y servicios digitales o digitalizados.

El borrador de los nuevos Presupuestos Generales del Estado presentado por el Gobierno de España aumenta en 445 millones de euros la partida en I+D+i, que incluye, entre otros aspectos, la formación de trabajadores por parte de las empresas en este nuevo sector. Aunque todo aumento es bienvenido no es suficiente para cumplir con los retos que se le plantean a la sociedad tanto a medio como a largo plazo.

Inversión en I+D

Las cifras de inversión en I+D de diferentes economías y empresas recientemente publicadas y comparadas (ver Xavier Ferràs, blog Innovación 6.0) arrojan resultados muy explícitos Por ejemplo, mientras la inversión total de España en I+D es de 19.000 millones de euros, Amazon solo, invierte 22.300 millones de euros; Samsung, 15.300 millones de euros; Volkswagen, 15.800 millones de euros o Microsoft, 12.300 millones de euros, y si comparamos el esfuerzo per cápita en I+D de los diferentes países, las cifras son igualmente llamativas: Corea del Sur, 1.799 millones de dólares; EEUU, 1.577 millones de dólares, Suiza, 1.559 millones de dólares; Israel, 1.530 millones de dólares; Alemania, 1.437 millones de dólares; Suecia, 1.434 millones de dólares; Francia, 924 millones de dólares; Reino Unido 677 millones de dólares; mientras que España solo dedica 414 millones de euros. Las conclusiones son obvias…

La digitalización debe ser una oportunidad de transformación y modernización social. En este sentido, la educación y formación en habilidades digitales exige una modernización y mejora de nuestro sistema educativo, incluyendo de forma muy importante la formación profesional y el reciclaje digital en todos los niveles de las empresas. Con todo, innovación, digitalización y reindustrialización deben situarse en el centro de la política económica. Para evitar la irrelevancia, hay que incrementar el esfuerzo en innovación y aspirar a ser referentes internacionales en algunas áreas.

Y por último y más importante, si queremos mantener nuestro estado del bienestar y asegurar un futuro de empleo bien retribuido a las nuevas generaciones, hay que trabajar en conseguir el círculo virtuoso: ‘más empleo, más productividad, mejores salarios’, que solo la innovación basada en la aplicación de las tecnologías digitales asegura. Si así lo hacemos, habremos conseguido que nuestro país sea un actor y creador y no solo un usuario más o menos aventajado. En este noble objetivo desde Ametic pondremos nuestro mejor empeño y colaboración.  

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