Innovar o morir
No está de más que se persevere en tal afirmación con objeto de hacer llegar al colectivo empresarial su carácter imperativo.
La competitividad española pasa por la innovación. Tal argumento podría catalogarse de axiomático, sin embargo no está de más que se persevere en tal afirmación con objeto de hacer llegar al colectivo empresarial su carácter imperativo. Cotecpuso algunos datos sobre la mesa días atrás para dar a conocer la realidad de nuestro sistema de innovación y su escaso impacto para estimular la productividad y ofrecer un entorno de valor añadido; de hecho, explicó que los sectores de alta tecnología son incapaces de contribuir a incrementar el PIB (tres veces inferior a la media europea). La continua lacra que se detecta en este terreno choca frontalmente con iniciativas que provienen de fuera de nuestras fronteras y que apuntan a la necesidad de fomentar la inversión para crear nuevos proyectos y la innovación “si no se quiere entrar en una recesión aún más grave”, según una de las conclusiones del primer ‘Foro de Nueva York’ que tuvo lugar la semana pasada.
La disfunción innovadora se viene observando sin que se apliquen medidas que consigan desviar esta corriente. Se buscan soluciones y para ello se teoriza con objeto de ponerlas en práctica: estimular al emprendedor, desarrollar políticas de innovación, alentar el conocimiento…; sin embargo, son mensajes que no terminan de germinar y que en la práctica caen irremediablemente en el olvido. Lo que queda, es que las principales empresas con mayores gastos de I+D han rebajado su inversión durante 2009 en cerca del 9 por ciento y que en el global sería la primera vez que descendería esta partida desde 1994.
La respuesta para equilibrar estos indicadores deben provenir tanto del tejido empresarial -en su conjunto incluyendo a la pyme- como del ámbito de la universidad y administración, a la que se le achaca en ocasiones su poca predisposición para estimular la innovación. Es cierto que la administración ha incrementado su partida inversora en 2009 (un 4% según datos provisionales), pero también lo es que debe apostar en mayor medida por la colaboración y promover la internacionalización.
La innovación a pesar de haberse incrementado en España en los últimos años sigue siendo una asignatura pendiente que no ha conseguido aprobar en la reválida. La crisis tampoco ayuda a ello. Ante este panorama, el talento, conocimiento, tecnología y el valor añadido se perfilan como las cuatro patas que deberán allanar su devenir futuro.





