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La democratización de los asistentes domóticos

Por Juanjo Galán, Business Strategy de All4Sec

Desde hace varios años, la domótica se está convirtiendo en una nueva moda que está cambiando nuestras vidas privadas. Instalamos dispositivos en nuestros domicilios con los que interactuamos y que nos facilitan las actividades más cotidianas. Ya no nos preocupamos de pasar semanalmente el aspirador, dejamos que un robot lo haga por nosotros, de acuerdo a un plan temporal perfectamente definido y que a menudo tiene lugar cuando no estamos en casa. Pero no nos conformamos solo con esto, queremos comprobarlo, e instalamos cámaras web que muestran a nuestro asistente ir de un lugar a otro recogiendo las pelusas y el polvo que está depositado en el suelo.

Y es que la domótica ha venido para quedarse —como ha venido para quedarse la automatización/autonomización de los vehículos o los servicios virtuales basados en inteligencia artificial. Y frente a esta moda están surgiendo nuevas soluciones que están haciendo de su despliegue una tarea ligada a la accesibilidad y la seguridad.

Actualmente existe un sinfín de asistentes domóticos que comienzan a competir en un sector que aún ha de estandarizarse y que crece a razón del 11% anual. La apuesta que están realizando algunas compañías por los asistentes de voz es un buen ejemplo de esta tendencia. De alguna forma, intentan ofrecer interfaces amigables a servicios sencillos con la clara intención de que posteriormente puedan ser ampliables a nuevas necesidades. Así, los Alexa, Cortana o Siri copan las noticias de más actualidad poniendo de manifiesto una nueva realidad: la extensión de la interacción con la tecnología hasta cubrir nuestras actividades cotidianas en casa. Y si no que se lo digan a Movistar con Aura...

En este contexto, algunos “románticos luchan por abrirse un hueco”. Se trata de iniciativas libres que no cuentan con apoyos comerciales. Su desarrollo —como muchos otros— se basa en la contribución de un buen número de ingenieros que aportan sus conocimientos por mor de un modelo diferente; soluciones colaborativas que van adquiriendo relevancia a medida que su existencia y uso se propaga.

Entre estas soluciones hay tres que merece la pena mencionar. Tres iniciativas que surgen con filosofías parecidas y que apuestan por la automatización de los servicios domóticos bajo un modelo de interacción también dirigido a mejorar la experiencia de los usuarios. No se trata solo del control, sino también de proporcionar comodidad, ahorro de tiempo o incluso nuevas posibilidades de servicios. Y todo ello en un nuevo mundo donde los servicios en cloud y los dispositivos IoT marcan el paso de todo. Estas soluciones son Home Assistant, OpenHub y Domoticz.

Se trata de desarrollos cada vez más extendidos y con un mayor número de seguidores

Apuestas sencillas, flexibles, adaptables y escalables que presentan un enorme atractivo. Por ejemplo, Home Assistant es una solución muy extendida que actualmente es capaz de integrar más de 1.300 tipos de dispositivos y servicios en un mismo entorno a través de una simple plataforma Raspberry-Pi, incluyendo sistemas de alarmas, control energético, servicios de limpieza, etc. Algo similar ocurre con OpenHub que tiene incorporadas más de 200 tecnologías y sistemas y que tampoco requiere complejos sistemas hardware. O incluso Domoticz que dispone de casi 20.000 usuarios.

De cualquier forma, hay algo que no debemos perder de vista cuando pensemos en la “comoditización” de nuestras vidas a través de los sistemas domóticos y es el riesgo de seguridad que implican. Bien es cierto, que gran parte de los problemas de seguridad provienen de los propios dispositivos y están relacionados con su diseño e implementación, pero no por ello podemos dejar de prestar atención a sus modelos de uso. Las vulnerabilidades de los dispositivos domóticos se encuentran habitualmente localizados en errores de diseño, protocolos de comunicación inseguros, procedimientos de autenticación débiles, falta de actualización de versiones del software o incluso errores en el uso de los dispositivos —configuraciones, cambios en los parámetros de seguridad, desconocimiento de elementos de ciberseguridad en las redes en las que se instalan.... Sine embargo, las aplicaciones que han de gestionarlos de forma integrada —y ahí se incluyen los asistentes de voz, por ejemplo— también tienen sus vulnerabilidades. Se trata de elementos a considerar cara a robustecer su seguridad —entendida como privacidad, integridad y disponibilidad de información que gestionan y el servicio que prestan.

Es de sobra conocido el hecho de que los asistentes de voz presentan algunas vulnerabilidades que los hacen especialmente atractivos para aquellos que intentan suplantar la identidad de los propietarios. De igual forma ocurre con los entornos de aplicaciones domóticas cuyo modelo de usabilidad está basado en mecanismos de controles y órdenes: (1) eventos que producen la ejecución de reglas, (2) condiciones que han de cumplirse y (3) acciones que han de ejecutarse. Cualquier error en este procedimiento puede traer consigo importantes consecuencias que tendrían serias implicaciones para sus usuarios. Y ahí es donde también estas soluciones de software libre deben incidir. Porque al final, la justificación que trasciende el uso de la domótica en casa no es la novedad de poder controlar los sistemas desde el último modelo de teléfono móvil del mercado, sino la de eliminar los interfaces o al menos reemplazarlos por interfaces más efectivos y, por supuesto, seguros.

Computing 782