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EDITORIAL: Del CIO al CDO

Han pasado ya unos cuantos años y hay otra figura que sube peldaños envuelto en un aura de aplausos. Es el CDO, del que mucho se lleva hablando en los últimos meses.

Hace ahora algo más de 12 años, fue a finales de 2008, la administración de Barack Obama en Estados Unidos anunciaba la creación de la figura del CTO, o lo que viene a ser lo mismo, de un director nacional de Tecnología. Era un periodo marcado por la relevancia del CIO y del papel que debería tener para alumbrar los pasos de cualquier organización que se preciara de moderna e innovadora. Un año, cuando se produjo este anuncio, sacudido además por la crisis financiera que había estallado a nivel mundial unos meses antes, lo que le otorga incluso más notoriedad y confirma el protagonismo tecnológico de entonces. El objetivo no era otro que gestionar el futuro de la Sociedad de la Información del país. Cinco años después, en 2013, el Gobierno de Mariano Rajoy tomaba nota del movimiento dado al otro lado del Atlántico para nombrar a Domingo Molina como el hombre fuerte de la tecnología de nuestro país. Algo así como el CIO de la Administración General del Estado.

Estas corrientes fueron bienvenidas por el sector en su conjunto. Se reconocía la labora de una actividad y de unos profesionales muy concretos y se ponían los cimientos para diseñar una estrategia común. Significaba además otorgar la mayoría de edad a este perfil directivo y a los departamentos TIC que lideraba.

Han pasado ya unos cuantos años y hay otra figura que sube peldaños envuelto en un aura de aplausos. Es el CDO, del que mucho se lleva hablando en los últimos meses. De hecho, ya son varias las empresas que cuentan con un director de Datos independiente del CIO, conscientes de que la gestión de la información y del dato es una actividad estratégica. El espaldarazo definitivo se ha producido hace escasos días después de que el Gobierno de Estados Unidos haya movido de nuevo ficha al nombrar de forma pionera a su primer CDO. Su prioridad, aprovechar los datos como un activo vital. Este movimiento servirá a buen seguro para dar el espaldarazo definitivo a un profesional y a un área que ya es, y será aún más, crítica para cualquier tipo de organización.

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