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La pregunta del millón: ¿cómo resolver la complejidad en la nube?

Por Michael Allen VP & CTO EMEA, Dynatrace.

Por Michael Allen VP & CTO EMEA, Dynatrace.

Prácticamente todas las organizaciones están inmersas en un cambio trascendental, el de su transformación en empresas digitales. En este proceso, y a medida que se esfuerzan por ofrecer a sus clientes y usuarios experiencias digitales fluidas y en tener capacidad de innovar cada vez más rápido para satisfacer sus expectativas, las cargas de trabajo se transfieren a ecosistemas empresariales en la nube que proporcionan mayor agilidad. Sin embargo, todo este proceso crea un nivel de complejidad nunca conocido hasta ahora por los responsables del negocio ni por los responsables de los departamentos de tecnología. De hecho, actualmente, estos últimos están gastando alrededor de un tercio de su tiempo lidiando con problemas de rendimiento, con un coste anual medio de 3 millones de dólares.

Un futuro muy nublado

Estos costes, que no paran de crecer, crecientes, junto al desafío de administrar el rendimiento de las infraestructuras tecnológicas, están impulsados, en gran medida, por la creciente complejidad de las aplicaciones empresariales y por la naturaleza dinámica de los ecosistemas híbridos y multicloud en los que se ejecutan. Las nuevas  aplicaciones nativas y móviles en la nube se están construyendo en distintas plataformas  y  posteriormente se integran con sistemas heredados críticos para el negocio. Estos ecosistemas, si bien posibilitan la agilidad necesaria para acelerar la innovación, también provocan, por ejemplo, que la ejecución de una aplicación de una sola aplicación web o móvil, necesite utilizar una media de 37 sistemas o componentes diferentes. En definitiva, una intrincada red de dependencias que los departamentos de tecnología deben de entender para poder gestionar eficazmente la experiencia del usuario.

La realidad es que si las organizaciones son incapaces de entender la complejidad dentro de sus entornos de nube empresarial irremediablemente van a encontrarse con una gran cantidad de problemas y en plena era del cliente como centro de cualquier actividad empresarial. Esta situación es una seria preocupación para los responsables de tecnología, de hecho, el 44% de ellos asegura que su incapacidad para gestionar el rendimiento de TI es tan significativa que supone una amenaza para la existencia misma del negocio. Que un cliente no pueda adquirir un billete de tren o acceder a su banca on line, sin duda, pone en riesgo el negocio, sus negocios y, como mínimo la reputación de cualquier organización.

Ofuscación y oscuridad

Para disipar todas estas preocupaciones, muchas organizaciones eligen diversas herramientas de monitorización que ofrecen, cada una de ellas, soluciones a su propia pieza del rompecabezas que es la nube empresarial. Sin embargo, y si bien también se implantaron soluciones para facilitar la supervisión de toda esta diversidad de herramientas, se ha obtenido el efecto contrario en numerosas ocasiones. Además, muchas de estas herramientas han obligado a los equipos de tecnología a agregar y correlacionar, de forma manual, datos provenientes de diversas fuentes  para crear y mantener una imagen completa de su ecosistema en la nube.

Es imposible mantenerse al día en medio del aluvión constante de datos que llegan desde una gran variedad de tableros cada minuto

La situación es que es imposible mantenerse al día en medio del aluvión constante de datos que llegan desde una gran variedad de tableros cada minuto y el resultado es que cada vez es más difícil ofrecer servicios de forma fiable porque es realmente complicado disponer de una visibilidad única y correcta de las experiencias de los clientes y usuarios en su relación con la organización.

Los problemas que acarrean las múltiples herramientas de supervisión se agravan aún más por  la naturaleza cada vez más dinámica de la infraestructura en la nube. A pesar de que las arquitecturas nativas fuertes aportan un buen nivel de agilidad para acelerar la innovación dentro de las organizaciones, cada vez es más difícil supervisar el rendimiento. De hecho, se crean puntos ciegos en los que los responsables de tecnología han de confiar en las conjeturas y la intuición para identificar y resolver problemas. A modo de ejemplo, casi tres cuartas partes de los CIO afirman que les resulta muy difícil supervisar el rendimiento de los microservicios.

Ver a través de las nubes

A pesar de las importantes inversiones de las empresas y sus esfuerzos para gestionar el rendimiento digital, muchas organizaciones a menudo son incapaces de identificar la causa raíz precisa de un problema y corregirlo lo suficientemente rápido como para evitar que los clientes y usuarios finales se vean afectados. Esto los deja vulnerables en un mundo donde los consumidores tienen opciones aparentemente ilimitadas y es más fácil que nunca cambiar a un proveedor alternativo que pueda ofrecer una mejor experiencia.

Por último, los responsables de las organizaciones han de darse cuenta de que la fórmula de incrementar el número de personas para detectar y resolver problemas ya no funciona. Las organizaciones actuales necesitan combinar una vista en tiempo real de su entorno de nube híbrida con IA para obtener información útil del rendimiento de las aplicaciones, de la infraestructura virtual subyacente y del impacto que tiene en la experiencia del usuario. Esto es lo que puede proporcionar una verdadera inteligencia de software y a las empresas modernas en el camino hacia operaciones de TI autónomas. Sólo entonces serán capaces de dominar realmente el rendimiento y ofrecer experiencias digitales fluidas en medio de la complejidad de la nube empresarial. 

Computing 785