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¿Una segunda revolución de la nube?

Las empresas que se pasan a la nube no pueden ignorar el hecho de que la definición de este concepto está cambiando a toda velocidad. Sin duda, es una cuestión de evolución, pero hay indicios de algo más: puede tratarse de una segunda revolución de la nube.

 

Lo que ya sabemos sobre la nube

El debate sobre si pasarse o no a la nube ha perdido toda su relevancia. Ha dejado de ser algo visionario, valiente, creativo o adelantado al mercado. Usar la nube para dar respuesta a las necesidades informáticas es la forma normal de funcionar hoy en día. Es el día a día de cualquier empresa.

En pocas palabras, pasarse a la nube significa que ya no tendrás que hacer una inversión de capital para comprar, suscribirte o pagar por licencias de cualquier tipo de hardware o software informático. En lugar de eso, pagarás solo por lo que uses, sin tener que comprar o contratar hardware antes de que lo necesites, ni pagar por lo que te sobre; es decir, aquello que tiene que estar disponible para momentos en los que haya un pico en la demanda pero que no necesitas en el día a día.

Al ser flexible, tendrás acceso a todo lo necesites y siempre estará actualizado, porque tu proveedor o proveedores de los servicios en la nube se asegurarán de que tu entorno se encuentre en todo momento en un estado de operación óptimo. El concepto de la nube consiste en que diferentes clientes usan un entorno común formado por componentes compartidos. Los componentes principales son estándares, lo que facilita la interoperabilidad, y el hecho de compartir componentes con otros clientes supone unos costes mucho menores para todos los usuarios.

Estas son las características que todo el mundo conoce sobre la nube, ya sea porque son datos conocidos o simple sentido común.

Lo que tenemos que aprender

La historia no acaba aquí, claro está, y pueden presentarse problemas si no estamos preparados para ellos. Por ejemplo:

La dependencia de un único proveedor puede producirse en la nube de la misma forma en la que ocurre en un entorno físico. Podríamos pensar en AWS (o Azure, o Google) como sinónimos de nube y en cómo depender de un único proveedor a gran escala podría llegar a convertirse en un problema.

Las cuestiones de seguridad y cumplimiento de las normativas son bastante diferentes en lo que se refiere a la nube. No se trata de cambiar tu centro de datos físico por uno virtual, eso sería muy sencillo. Hay que tener en cuenta la soberanía de los datos, la legislación nacional aplicable, las diferencias en los procedimientos gubernamentales, además del inevitable desafío que supone mantener la seguridad de los ecosistemas (porque si no refuerzas el funcionamiento del ecosistema cuando te pasas a la nube, estás perdiéndote su principal beneficio).

Algunos de estos temas pueden parecer muy complejos, pero no queremos ponernos muy filosóficos porque este es un artículo práctico. Centrémonos mejor en dos puntos que consideramos especialmente urgentes: los costes y la evolución de la nube.

Los costes

El motivo más importante por el que las empresas trabajan en la nube es el ahorro. Ya hemos explicado algunas de las razones y cómo sucede, pero muchas de ellas pueden decepcionar. Estamos intentando hacer llegar este mensaje por todos los medios, no solo en este blog sino en todos los demás: no se empieza a ahorrar hasta que se ha completado el cambio.

Esto ocurre así porque tienes que seguir pagando tu antigua infraestructura hasta que la desactives por completo. De hecho, durante este tiempo, tendrás que pagar algo más también para poder asegurar la interoperabilidad entre tu antigua infraestructura y la nube. En otro artículo del blog analizaremos cómo acelerar este proceso de cambio y empezar a monetizar la nube más rápido.

Las empresas tienen que entender, en cualquier caso, que el camino hacia la nube puede convertirse en el proyecto más largo que hayan emprendido y es importante fijar las expectativas en consonancia.

La (r)evolución de la nube

Las empresas que se pasan a la nube no pueden ignorar el hecho de que la definición de este concepto está cambiando a toda velocidad. Sin duda, es una cuestión de evolución, pero hay indicios de algo más: puede tratarse de una segunda revolución de la nube.

La propuesta de valor inicial de la nube era muy simple: un espacio privado propio dentro de un centro de datos virtual, flexible, ágil y siempre puntero.

Ahora estamos viendo una nueva definición de la nube en la que, a los servicios de gestión y alojamiento de datos, se le suman redes programables para crear plataformas más ambiciosas que la nube “clásica”, o incluso “tradicional”. Esta nueva generación de la nube interconectada permite trabajar en ecosistemas más ágiles, lo que tendrá enormes repercusiones en las estructuras corporativas y en las organizaciones.

También implica un crecimiento radical tanto en la hiperautomatización (el uso de inteligencia en la red y en el Edge para acelerar la toma de decisiones basándose en algoritmos inteligentes) como en la mejora del control de sistemas complejos en centros de operaciones geográficamente dispersos.

Esto no significa que la inversión que se haya hecho hasta ahora en una migración a la nube se vaya a perder, sino que los líderes empresariales tienen que prepararse para seguir avanzando con rapidez en un camino que puede presentar giros inesperados.

 

Computing 806