OpiniónDigitalización

Una transformación digital deseable

Luis Fernando Álvarez-Gascón, Director General de GMV Secure eSolutions, habla para el Anuario 2018 de Computing sobre la ansiada, y en ocasiones temida, transformación digital.

Luis Fernando Álvarez-Gascón, Director General de GMV eSolutions.
Luis Fernando Álvarez-Gascón, Director General de GMV eSolutions.

El ecosistema digital está bastante satisfecho consigo mismo. Ser el hilo conductor de una transformación socioeconómica sin precedentes sustenta la percepción de estar en un macrosector protagonista de su tiempo, generador de grandes oportunidades. Pero este amable escenario no puede ocultar tensiones tanto internas como externas. Internamente, no son infrecuentes las surgidas entre diferentes subsectores, derivadas frecuentemente de los muy diferentes retornos de la inversión en cada uno de ellos, en un marco competitivo muy marcado por la regulación. Nuestro sector debería mirar también con atención el impacto de la transformación digital en el conjunto de la sociedad. Desde una perspectiva tecno-optimista, y como parte interesada, es tentador ver solo los indudables aspectos positivos de la transformación, y dar la espalda a los problemas. Sería poco inteligente.

En algunas capas de la sociedad, las TIC pueden ser vistas como un agente de destrucción o precarización del empleo. O como un peligro para actores tradicionales de la economía. Incluso como una amenaza para las libertades individuales (privacidad) y colectivas (injerencia en procesos electorales). Sin olvidar el riesgo de un Pearl Harbour digital.

Dar la espalda al progreso no es una opción. No podemos convertirnos en sujetos pasivos del mismo y perdedores de la partida competitiva. Debemos apostar precisamente por dar respuesta a las demandas sociales de más seguridad, respeto a los derechos individuales, la puesta en valor de los datos y la IA con criterios sociales, o promover políticas de formación digital de calado y amplitud proporcionales al cambio.

Difícil elegir protagonistas en este 2017. Tal vez sea la Inteligencia Artificial el componente del cóctel tecnológico más sobresaliente. Que una máquina se convierta en el campeón mundial del juego Go supone un hito más en la carrera por batir las capacidades humanas. Que un país conceda la ciudadanía honorífica a un robot por primera vez puede suscitar valoraciones encontradas. No menos titulares han generado el Blockchain. El bitcoin ha marcado un nuevo máximo histórico y los procesos de ‘mining’ consumen actualmente más energía que 159 países del mundo.

Los procesos de 'mining' consumen actualmente más energía que 159 países del mundo

2017 fue también el año de WannaCry. El toque de atención definitivo para muchos CEO que aprendieron a punta de pistola digital que ya no podían mirar de soslayo la ciberseguridad. Ataques masivos poco sofisticados han golpeado el escenario digital apoyándose en las vulnerabilidades de los sistemas. En ocasiones, y en un aviso de lo que ha de venir, esas plataformas atacantes se han construido sobre miles de dispositivos conectados. La demanda de mayores exigencias de seguridad en los productos no puede ser más palmaria. Aunque no será la panacea universal.

2018 traerá, inevitablemente, nuevos incidentes de ciberseguridad. La regulación va a seguir dando pasos decisivos para imponer tanto la obligación de proteger datos personales con mayor diligencia si cabe, como la de limitar su uso de acuerdo a los derechos individuales. Los agentes sistémicos también tendrán que asumir niveles regulados de autoprotección y de colaboración con el ecosistema en materia de ciberseguridad. Estas exigencias regulatorias no harán sino aumentar en el futuro.

La combinación del potencial de transformación digital, y de factores de riesgo, harán de 2018 otro año excitante, en un entorno económico tibio y volátil. Que nuestro país continúe, política mediante, en la zona comparativamente alta de crecimiento no puede menos que congratularnos. Que lo hiciera apostando por una competitividad basada en la innovación, con una fuerte componente digital, sería la apuesta inteligente y necesaria. Aunque esa apuesta nacional se construya ante todo a partir de multitud de decisiones empresariales y privadas, la Administración debe apoyarla con políticas decididas y sostenidas en el tiempo, con una visión integral. Los sectores público y privado deben caminar juntos para entregar a los ciudadanos ese futuro deseable. 

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