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Bill y Melinda Gates se divorcian, los ricos también lloran

El fundador de Microsoft y filántropo controvertido anuncia su separación de Melinda, tras 27 años de matrimonio.

La primera vez que oí hablar de Bill Gates, corría el año 88, era un joven lampiño que le estaba robando la cartera a IBM con su flamante sistema operativo Windows. El gigante azul ponía toda la carne en el asador tratando de imponer su OS/2 (Operating Systems 2), que terminó arrumbado en el cementerio de los programas olvidados. También me viene a la memoria su llegada a España, que como un Mr Marshall de nuevo cuño llegaba para presentar Windows 95, cuando dio el golpe de timón decisivo para monopolizar los escritorios informáticos. Como anécdota, recuerdo que el titular de Computing, por entonces semanario, rezaba así: “Windows 95 llega a España de la mano de William Gates”.  Empezaba a crearse su leyenda negra, en las redes incipientes se le tildaba de diablo y le identificaban con el número de la bestia, el 666.  Y es que la envidia tiene los tentáculos muy largos.

Todo lo que tocaba, como un Midas cibernético, se trocaba en oro

Todo lo que tocaba, como un Midas cibernético, se trocaba en oro, e incluso salvó a Apple, su rival más directo, de la quiebra inyectándole capital. Microsoft conquistó el mercado de consumo y se expandió por la empresa, y llegó a ser la compañía prototipo. Luego dejó la dirección ejecutiva de la multinacional ya asentada en el olimpo de los dioses digitales. Se reconvirtió a la filantropía y a invertir en propagar la vacunación por el tercer mundo. Los conspiranoicos volvieron a cebarse con él, ligándolo con George Soros, como uno de los tiranos que nos quieren imponer la nueva globalidad. También es sospechoso por introducir nanochips en las vacunas con el nefando objetivo de controlar nuestras mentes.

Con la pandemia su nombre adquirió protagonismo planetario, por haber sido su profeta hace cinco años. El año pasado se compró una vivienda de verano en San Diego (California) por la módica cantidad de 40 millones de euros, aunque como buen negociante, consiguió rebajar en cinco millones el precio final. Hace dos días ha vuelto a dar la campanada, esta vez anunciando su divorcio amistoso con Melinda, su compañera de buenas obras y con quien comparte tres hijos dignos de Sensación de Vivir.

Según informa El Confidencial: Bill Gates transfirió a Melinda 1.800 millones de dólares en acciones el mismo día que anunciaron el divorcio, una manera de formalizar el acuerdo y dejarse de gaitas legales y pleitos infinitos. Un telón que cierra 27 años de matrimonio y, no puedo evitar sonreír, cuando anunciaron sus nupcias, lo más sonado fue que Bill se había declarado por correo electrónico. Toda una declaración de principios.

 

 

Computing 806