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La eterna promesa de la inteligencia artificial

Moisés Camarero, Director General del Grupo Compusof, habla acerca del desarrollo de la IA.

Moisés Camarero, Director General del Grupo Compusof
Moisés Camarero, Director General del Grupo Compusof

Marvin Minsky, recientemente fallecido, fue uno de los padres de la inteligencia artificial (IA). Escribió varias obras de referencia e incluso es mencionado en la película de ficción ‘2001: Una Odisea en el Espacio’ como creador de HAL, el ordenador de la nave que se revela contra sus ocupantes en la inolvidable obra maestra de Stanley Kubrick. Sin embargo, Minsky era escéptico acerca del progreso de la inteligencia artificial durante las últimas décadas. Estaba convencido de que la IA no puede progresar porque no hay ideas de suficiente trascendencia como para abrir nuevos caminos de investigación. Muchos académicos españoles también opinan lo mismo, es decir, que aún estamos lejos de conseguir verdaderos avances como los que vemos en películas y series de TV.

Sin embargo, si entendemos la IA como la creación de sistemas que sean capaces de hacer una determinada tarea mejor que los humanos, sí podemos decir que se han producido avances muy importantes. Algunos ejemplos pueden ser los sistemas de aprendizaje automático usados por Google, Samsung, Facebook o Apple, que ya son capaces de adivinar lo que queremos antes incluso de que lo escribamos o incluso que lo sepamos, estudiándonos como consumidor para predecir nuestras próximas compras.

Tanto Google como la automovilística Tesla están desarrollando sistemas autónomos de conducción para sus vehículos. Ya se ha realizado una prueba en la que un coche ha hecho todo el trayecto desde Vigo hasta Madrid sin ninguna intervención humana, en este caso con tecnología de la francesa Peugeot. Apple, Samsung y Google desarrollan sistemas de reconocimiento del habla cada vez más perfectos, como vemos cada día en nuestros móviles. En poco tiempo, seremos capaces de comunicarnos con nuestro teléfono enteramente mediante el habla, lo cual abre enormes mercados y posibilidades. El aprendizaje automático también se aplica a la detección de fraude, la predicción de tendencias de mercado y a una enorme cantidad de campos donde generará gran valor económico y ventajas competitivas para las compañías que sepan aprovecharlo.

Si una parte de la ecuación son los algoritmos, la otra son los datos. Por poner un ejemplo clásico, si alimentamos a un sistema de IA con suficientes imágenes de gatos, sabrá reconocer uno a la perfección. Esa es la razón de que las empresas líderes estén abriendo sus tecnologías al mercado. La de Google se llama TensorFlow y la de Tesla OpenAI. Facebook también liberará la suya en breve.

A pesar de que puedan parecer movimientos altruistas, en realidad tienen bastante poco de ello. Elon Musk, el muy mediático líder de Tesla, argumenta que de este modo será más fácil luchar contra el uso de la IA que harían en el futuro las grandes compañías. El objetivo real es atraer talento ofreciendo parte de su tecnología a la comunidad pero, sobre todo, lo que en realidad interesa, son datos en gran cantidad para enriquecer y fortalecer sus respectivas plataformas. Google, que tiene una clara ventaja en este sentido gracias a su buscador, ya ha sido capaz de crear un programa capaz de conversar animadamente sobre muchos temas, incluso sobre el sentido de la vida. Parece que podría haber adquirido una importante ventaja competitiva en esta carrera hacia el futuro.

Aunque los agoreros avisan de que el desarrollo de la IA podría llevarnos a la dominación de la humanidad por las máquinas, en realidad los verdaderos avances se están produciendo -como casi siempre- en el terreno de los negocios, aplicando las nuevas tecnologías a la generación de ingresos extra, la creación de barreras de entrada y de ventajas competitivas.

Computing 783