OpiniónInfraestructuras

PUNTO TIC: Un teletrabajo muy castizo

Esto de vivir en un mundo híbrido tiene un punto de esquizofrenia que a veces roza la tragicomedia.

Esto de vivir en un mundo híbrido tiene un punto de esquizofrenia que a veces roza la tragicomedia. Hoy madrugo más de lo habitual, me toca ir a la redacción, bien afeitado y aseado, con mi mascarilla reluciente. Saludo a mis compañeros sin las alharacas de otros tiempos, con la voz apagada, las gafas empañadas, y me instalo en mi puesto de trabajo, feliz de volver a mi trono perdido. Pero de pronto las cosas no son eran, confundo mi contraseña con la de casa, las opciones de la pantalla no me son tan familiares y me siento como un extraño con una versión de sistema operativo diferente. Problemas que rápidamente se solventan, y entonces disfruto, al fin, de una conexión regular y eficiente.

Recupero la comida de tupper, el colacao después de comer y puedo palpar las revistas ¡en papel!  Por fin puedo comentar con mis compañeras de redacción noticias y cotilleos del momento… Sin llegar a lo mismo, parece que recupero cierta normalidad, pero en el fondo del pasillo el hidrogel me recuerda mi condición de soldado raso en esta guerra invisible. ¿Me he lavado las manos? Ir a los aseos se convierte en una peligrosa misión, digna de la película 1917. No me atrevo a desayunar en la cafetería de antes… todo son dudas.

 En el fondo del pasillo el hidrogel me recuerda mi condición de soldado raso en esta guerra invisible

Pasa la jornada con celeridad y mañana cambio de turno al teletrabajo. Ya no me tengo que acicalar necesariamente ni aprestarme a coger el coche. El único atasco que encuentro es el del cuarto de baño de una familia numerosa. Pero no es tan idílico como parece. Una de las gemelas me disputa la conexión a Internet pues da clases virtuales. El niño disfruta de sus videojuegos que terminan arañándome la banda ancha. En plena entrevista con una directora general, Zoom empieza a flaquear seriamente. Momentos de ofuscación, mientras en casa resuena la aspiradora y el telefonillo no para de berrear por culpa de un mensajero de Amazon despistado. Para colmo, mis vecinos gritando en plena pelea conyugal, y el perro de la peluquera, ladrando en el patio de al lado…  y yo tratando de mantener la compostura… la directiva me mira con sonrisa cómplice al tiempo que aparta a su retoño inoportuno que súbitamente invade el espacio de su webcam.

Computing 796