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Las asignaturas pendientes de la pyme española

Las compañías cuentan con la infraestructura básica de ordenadores, teléfonos móviles o acceso a Internet, pero andan con pies de plomo a la hora de adoptar e-commerce, cloud o políticas de seguridad.

Después de unos años en que la devastadora crisis económica se llevó por delante más de 300.000 empresas en este país, los pequeños empresarios empiezan a ver la luz al final del túnel, aunque todavía son cautos y posponen la recuperación definitiva, las inversiones y sobre todo la contratación de plantilla adicional, con lo que el gran problema nacional, el paro, sigue oscureciendo el horizonte de muchas familias. ‘Wait and see’ (esperar y ver) es la máxima a la que se adhieren la mayoría de los gestores de este país, a juzgar por las encuestas. No quieren echar las campanas al vuelo, escarmentados quizá por los brotes verdes tantas veces anunciados y casi nunca materializados, y también temerosos de que la parálisis política que vive España y los ajustes presupuestarios que ordena Bruselas tengan más impacto en la economía del que se supone.

A finales del año pasado, Sage publicó la edición 2015 de su Radiografía de la Pyme, una macroencuesta que recoge la opinión de 1.800 empresas de toda la geografía nacional. Pues bien, en ese informe, el último hasta la fecha, un 78% de las compañías aseguraba que había mejorado o mantenido sus cifras de negocio. Sin embargo, no son tan optimistas las empresas cuando se les pregunta por el medio plazo. A juzgar por los resultados del estudio, la salida definitiva de la crisis no está a la vuelta de la esquina. Y es que solo un 34% de las pequeñas y medianas empresas consultadas decía que la recuperación definitiva llegará en 2017, y para un significativo 24% del total el escenario de recuperación no se materializará del todo hasta 2020, es decir, dentro de cuatro años. Como decíamos más arriba, esta cautela pasa factura sobre todo al empleo. Hay que tener en cuenta que más de 99% del tejido productivo en España es una micropyme o una pyme de uno u otro tamaño (hay algo más de tres millones en total). Solo hay unas 4.000 firmas que se puedan considerar grandes cuentas -por encima de los 250 empleados- en este país. Y en términos de empleo, las pymes suponen un 64% de la fuerza laboral.

 Además de no fiarse del todo del futuro más próximo, las pymes siguen teniendo muy complicado el acceso al crédito y la inversión, vía clave para crecer y, en última instancia, crear empleo. Según la última radiografía de Sage correspondiente a 2015, un 84% de las pymes y autónomos no solicitó ningún crédito, y casi 7 de cada 10 tampoco recurrió a ninguna ayuda o subvención. Y tampoco buscaron los pequeños empresarios vías alternativas de financiación o se informaron sobre ellas. Es decir, en cierta manera persisten las constantes de la crisis, a pesar de que el panorama a nivel macroeconómico mejora. Los pequeños empresarios no acaban de ver la llegada de la recuperación, aunque poco a poco van mejorando sus niveles de facturación. Y, como consecuencia de la carestía de crédito e inversión, tampoco se deciden a contratar personal, el mejor indicador de confianza que existe en una economía.

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