OpiniónMercado TI

Talento, trabajo y felicidad…. ¿compatibles?

Guillermo Montoya, CEO de Deiser.

Guillermo Montoya, CEO de DEISER
Guillermo Montoya, CEO de DEISER

Uno de los objetivos no escritos que una empresa consciente debe tener es capturar/captar/integrar el mayor talento posible. Crear sus propias reglas sobre lo que debe caracterizar a una persona que tiene que incorporarse y perdurar en la organización: valores, aptitudes y, sobre todo, las actitudes que debe tener.

Cada vez más surgen empresas que consideran que el beneficio económico nunca puede ser un fin en sí mismo, sino un medio. Puede resultar ingenuo o naiff tratar de construir un ecosistema así, pero tiene cada vez más sentido en un mundo que debería resolver el problema de la falta de medios y de mecanismos para vivir dignamente más rápidamente de lo que nos gustaría.

Queremos vivir mejor, y ello no significa necesariamente ganar más dinero. Cada vez vemos más ejemplos en los que esta vida ideal no tiene por qué estar necesariamente vinculada a la riqueza económica. 

Nuestras empresas deberían empezar a dirigirse en ese sentido. Nuestro mundo está alcanzando un grado de evolución y de bienestar que nos obliga moralmente a tratar de trasladarlo a todos los rincones, sin excusas, sin limitaciones.

Esta reinvención de los modelos sociales y de la manera de entender el capitalismo actual (en muchos foros se empieza a hablar de capitalismo consciente, capitalismo humanista, o, incluso capitalismo social, casi un oxímoron) debe trasladarse también en la medida de lo posible a las empresas. En este sentido, en el campo de la tecnología somos un sector privilegiado. Suele ser un sector bien, o muy bien, pagado y además mucha gente está en él porque le gusta o incluso le apasiona, y no porque no tiene otro remedio.

Esa posición privilegiada debería instarnos en el sector a construir cada vez mejores empresas. Si no somos capaces de crear esas organizaciones en un sector donde tenemos todo lo necesario para hacerlo... ¿Qué vamos a exigir a otros? ¿Qué justificación moral tendremos?

Cierto es que hay mucho ruido, que muchas veces con la excusa de construir un mundo mejor o buscar la felicidad de las personas se esconden oscuros objetivos de productividad y dedicación. Frente a esa realidad hay otra igual de cierta. Y es que somos muchos los que pensamos que efectivamente es así, que el mundo está en un momento de ‘vivir o morir’ en el que si elegimos bien podremos ofrecer un panorama radicalmente opuesto al actual. La tecnología, villana en muchas cosas, también nos puede ofrecer un futuro esperanzador, ilusionante... Es el momento en el que tenemos que elegir entre la pastilla azul y la pastilla roja.

Ejemplo a seguir

Sabiendo que las empresas tecnológicas son las que cuentan con más personas que están en ellas porque les gusta o incluso les apasiona su trabajo tenemos la obligación moral de ser la punta de lanza de ese nuevo modelo. Debemos ser el ejemplo en el que puedan mirarse miles, millones de empresas y personas que buscan ese trozo de felicidad o, como mínimo, ese bienestar de lunes a viernes, y que muchas veces no encuentran más que de viernes a domingo.

Somos cada vez más los convencidos de que la manera de ganar dinero o de obtener beneficios es importante, pero que debemos combinar los intereses de todos. Podemos ser socios, dueños o accionistas mayoritarios, pero realmente el futuro de la organización está en manos del talento de la gente que, día a día, dirige sus operaciones con conocimiento, preparación, ambición y, cada vez más, pasión por su trabajo, que no le faltan las ganas de aportar algo más que su propio esfuerzo (en el mundo de la filosofía se llamaría 'trascender') sino que les ilusiona el poder participar de manera efectiva en el desarrollo del negocio.

Creo que el capitalismo gestionado con conciencia (lo que muchos llaman capitalismo consciente) es, todavía, el mejor modelo económico-social que hemos logrado. Ahora estamos pasando por una situación de crisis provocada entre otros factores por el tremendo ruido de las redes sociales y los poderes fácticos que, cada vez entienden mejor lo que Internet puede darles y que durante varios años les ha quitado. La batalla ya está declarada y quienes conocemos el poder de la transparencia y la comunicación debemos hacer todo lo posible por no volver a perder todo esto que hemos ganado... ¿Vamos adelante?

Computing 786