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OPINIÓN: Cómo acabar con la paranoia del coronavirus

La información y la responsabilidad son las dos armas para poder combatir el coronavirus que amenaza nuestro mundo.

Me siento, como millones de ciudadanos, sobrepasado por los acontecimientos. No sé si nos acercamos a los prolegómenos del fin del mundo, que Nostradamus y profetas varios diagnosticaron en tiempos de autentica apocalipsis. Más bien pienso que estamos todos fuera de nuestro punto de gravedad, temerosos e ignorantes sobre la contundencia de esta espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas.

Hay quien prefiere cerrar los ojos, y cual avestruz, esconder la cabeza en su mundo personal… ignorando que todas las personas están conectadas. Pero todos tenemos responsabilidad de nuestros actos, en este sainete donde cada cual es el eslabón de una cadena infinita de contagios y malos presagios. Las diferentes medidas deben ser acatadas y seguidas con rigor, sin tener que recurrir a métodos persuasivos de estado de excepción como ha sucedido en China. El teletrabajo es, en los ámbitos donde puede ser aplicado, una receta a la que debemos agarrarnos para evitar que el virus campee a sus anchas aprovechando nuestra laxitud.

Es de aplaudir la decisión de Google de confinar a todos sus empleados al hogar para evitar males mayores y de crear un fondo para sufragar los gastos sanitarios de aquellos que tengan la desgracia de contagiarse, poniendo en evidencia que el sistema de salud estadounidense es el más injusto de la tierra, pese a considerarse el país más rico.

Las noticias nos van acorralando el cuerpo y la conciencia. Políticos mediáticos, representantes del Gobierno y del Congreso de Diputados contaminados, equipos de fútbol en cuarentena, competiciones y conciertos suspendidos... nadie está libre de este nuevo estigma que nos está desarmando como sociedad civilizada. Supermercados colapsados por masas ávidas de artículos de primera mano que actúan como zombies llevados por su propia deriva. Hay que evitar que todo ello nos supere, y es que resulta muy fácil retroceder a las cavernas, cuando la necesidad aprieta y los temores ancestrales nos acogotan. Ante todo calma, la información no debe ser un enemigo sino nuestra salvación. Hay que utilizarla para defendernos no para crear nuestra propia soga que nos termine ahorcando. No tengo más remedio que recurrir a la leyenda que nos acercó Katherine Neville, autora del bestseller 'El ocho': “El criado oyó en la plaza del mercado que la muerte lo estaba buscando, y decidió huir a Samarra, avisando a su amo. La parca llamó a la puerta del amo y preguntó por el criado: “lo siento, él se encuentra en cama”. La guadaña contestó: “qué extraño, hoy tenía una cita con él en Samarra”...

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