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PUNTO TIC: Líderes de barro

Luces y sombras del liderazgo de las compañías.

Me desazona la palabra líder. Si leen cualquier nota de prensa, la empresa de marras quiere significarse incidiendo en el calificativo de líder de su área de especialización. Y yo me pregunto, ¿qué es ser líder? No he visto ningún comunicado de Google, Microsoft, IBM, Facebook o Apple en el que se tilden de líderes, cuando ellos sí tendrían mucho de lo que alardear, en términos de valor de compañía, para sus accionistas y para sus usuarios, y de cuota de mercado. ¿Será porque realmente son líderes? Entonces, por qué esa obsesión de compañías medianas de tratar de convencernos de su posición ventajosa, ¿quieren así seducirnos y que caigamos bajo su influjo? Ser líderes de alguna manera nos obliga a entrar por el aro de sus argumentos, a rendir pleitesía y a reconocer que sus valores son indudables, valores casi dogmáticos e inamovibles.

Ser líder es tocar el cielo, y si los sumos sacerdotes (léase Gartner o IDC) dan su confirmación, entonces para qué pedir más. O tal vez se trata de una estratagema de comunicación ya gastada en la que se quiere abrumar al periodista con una imagen prepotente o avasalladora. Por desgracia, ser líder tampoco es para airearlo, y si no que les pregunten a los famosos GAFA que se hallan en el disparadero, acusados de monopolio y de prácticas abusivas.

Hace unos diez años que los expertos advertían de la concentración de los negocios, de oligopolios de facto que marcan las reglas del juego.

El Congreso de EEUU ha puesto en tela de juicio a estos grandes hiperescalares y les acusa de no jugar limpio en el tablero tecnológico mundial. Porque ser líderes, admitámoslo, es controlar el mercado de una forma no muy recomendable, agarrando a la demanda en salva sea la parte y llevando las directrices de una innovación no siempre bien entendida. Hace unos diez años que los expertos advertían de la concentración de los negocios, de oligopolios de facto que marcan las reglas del juego. Muchos informadores se sentirán cautivados por ese poderío que rige el mundo. Pero quien firma no siente la mínima admiración, en todo caso, muchos recelos y un temor casi ancestral.  

 

 

 

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