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Teletrabajo: ¿sabemos lo que ocurre en nuestras organizaciones?

Ramón Ares, Director General de Ozona Tech y Overa Activity.

Ramón Ares, Ozona.
Ramón Ares, Ozona.

 

En un país que mira con interés los procesos de evolución tecnológica, pero que siempre es alumno rezagado a la hora de implantarlos, el caos de movilidad personal que generó la pandemia se ha convertido en una inesperada oportunidad. De hecho, ha sido una ocasión de oro para que todo tipo de organizaciones, públicas y privadas, grandes y pequeñas, abordaran de manera masiva un proceso de transformación digital, aunque fuera solo uno, denominado comúnmente teletrabajo.

La digitalización del entorno de trabajo fue obligada por la pandemia, pero no siempre se puede elegir el camino. En este caso, el valor está en haber cruzado en grupo la meta, como ocurre en ciclismo cuando el grueso del pelotón llega al final de la etapa.

En muchos casos, la implantación de teletrabajo no se abordó de manera académica; pero fue necesario hacerlo y, debido a las circunstancias, no hubo resistencias. El primer paso de un proyecto de transformación es que toda la organización esté alineada, ya que el necesario salto tecnológico debe estar acompañado de importantes cambios que afectan a las personas y a los procesos de negocio.

Procesos, personas y tecnología

La digitalización requiere aplicar tecnología y redefinir procesos. Y, todo ello, considerando e implicando activamente en el cambio a las personas.

La transformación de procesos es un camino apasionante, pero delicado. Muchos de ellos son críticos y, por tanto, su redefinición debe ser objeto de un minucioso análisis. El cambio en las formas de hacer suele ser cuestionado por los equipos de trabajo, que tienden a ofrecer resistencia a abandonar su zona de confort.

En la pandemia, el primer paso en teletrabajo fue conseguir que la experiencia del usuario en su domicilio fuera igual o mejor a la de la oficina.  No existieron importantes transformaciones de procesos. La clave fue, precisamente, que el usuario no tuviera que asumir grandes cambios en su forma de interaccionar con su entorno de trabajo.

En relación a las personas, fue necesario colocar al usuario en el centro de la estrategia, dando respuesta a todas sus necesidades y priorizando su experiencia de uso de cara al trabajo en remoto. Aunque la gran estrella del forzado proceso de digitalización del puesto de trabajo fue la tecnología.

La tecnología es hoy más completa. Da respuesta a más necesidades, es más usable y, con la proliferación de servicios en nube, más accesible.

Desde una perspectiva financiera, los actuales modelos de adquisición priorizan el Opex, proporcionando la necesaria flexibilidad para crecer y decrecer. Estos modelos de pago por uso hacen más sencilla la decisión de un cambio tecnológico, puesto que no hay que amortizar inversiones.

La tecnología es un medio, no un fin, y como herramienta debe dar visibilidad, no solo aportar capacidad funcional. La tecnología debe ser la herramienta que proporcione información y conocimiento a las organizaciones para la toma de decisiones.

¿Cómo se ha visto afectada la productividad en la pandemia? ¿Positiva o negativamente? ¿Las herramientas colaborativas se usan de manera adecuada? ¿Falta formación en herramientas? ¿Qué dispositivos de usuario son más vulnerables e inseguros?

Estas preguntas pueden contestarse con tecnología, pero es fundamental alinear a todos los actores internos de la organización, que son imprescindibles en un proceso de transformación. Otras compañías del mismo sector, los proveedores, los clientes y las administraciones públicas están abordando procesos de teletrabajo. La alternativa es quedarse atrás.

 

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