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Visión del directivo: ¿Actores o espectadores?

Por Luis Fernando Álvarez-Gascón Director General Secure e-Solutions de GMV.

En 2018, España ha celebrado el 40 aniversario de su Constitución. Una efeméride propicia para hacer balance de cuatro décadas de democracia en nuestro país. En un momento en que diversas voces pretenden generar dudas sobre los cimientos institucionales de nuestro país, cualquier revisión objetiva de los datos económicos y sociales sostiene una lectura globalmente positiva de este período. Cuatro décadas que cabalgaron en parte sobre la tercera revolución industrial, y abren la puerta a la cuarta, con las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones como hilo conductor común. Gracias en gran medida a esa Constitución, nuestro país se integró plenamente en las economías y sociedades más avanzadas del mundo. España es un país más industrializado, y más integrado en el comercio internacional, que muchos de nuestros referentes históricos europeos y nuestros índices de digitalización están en niveles medios en relación a nuestro entorno. Nuestra balanza comercial TIC es deficitaria, esto no es novedad en Europa, pero hay una notable diferencia entre productos y servicios, donde estos últimos muestran una elevada capacidad competitiva internacional. España, y Europa en su conjunto, no ha sido capaz de aprovechar estas décadas de revolución tecnológica para alcanzar un liderazgo global industrial en nuestro sector, ni destaca en las plataformas digitales globales.

Luis Fernando Álvarez-Gascón Director General Secure e-Solutions de GMV.
Luis Fernando Álvarez-Gascón Director General Secure e-Solutions de GMV.

Europa tiene algunos de los mercados digitales más avanzados, algo positivo para sus ciudadanos, y en principio para su economía general. Y desde luego ha alcanzado un notable protagonismo en el desarrollo legislativo en temas digitales, con la reciente GDPR como exponente más claro de ese necesario acompañamiento legal al despliegue de la sociedad digital. Otras noticias de esta actividad regulatoria provienen del ámbito de la competencia y la fiscalidad… ¿Debe Europa resignarse a este papel en el concierto internacional digital?

El crecimiento de nuestro sector está acompañando de forma al crecimiento global, impulsado por el comercio internacional. En los últimos años está surgiendo una amenaza a este escenario: el proteccionismo y las guerras comerciales. Este conflicto tiene un frente cada vez más patente en el dominio digital. Por las posiciones dominantes de algunos actores, en algún caso. Por la protección de los derechos de los ciudadanos. Por las dudas más o menos justificadas en cuanto a la seguridad de la cadena de suministro, aspecto donde considero que solo estamos viendo los primeros episodios. Es difícil anticipar las consecuencias. Pero Europa no debería resignarse a resolver en el terreno de la protección de la competencia, o del cumplimiento legal, lo que no consigue conquistar en el terreno de la competitividad. La reindustrialización digital es una meta europea. Pero, ¿está Europa cultivando su capacidad para tener alternativas industriales confiables?

Un cóctel tecnológico

No habrá sociedad digital sin seguridad y confianza. El año 2018 nos aportó diversos titulares que ilustran que esta es una batalla con múltiples frentes. Las vulnerabilidades Spectre y Meltdown siguieron inquietando al sector, dado su carácter sistémico. La IoT aportó nuevos incidentes para mostrar que la ciberseguridad sigue siendo un flanco débil de este ecosistema, precisamente en ciernes del despliegue de la Industria 4.0. Sin duda, la industria tiene un gran reto por delante. Si bien la legislación está introduciendo algunos incentivos para moverse en la dirección adecuada, queda mucho trecho por recorrer para que la seguridad reciba la atención necesaria.

En otros elementos del cóctel tecnológico, me atrevería a afirmar que algunas expectativas se han matizado durante 2018. Tal vez el potencial del blockchain, con las criptomonedas como uno de sus exponentes, se ha llevado a términos más razonables. También en el caso de la inteligencia artificial están penetrando otros criterios, como la no discriminación en la toma de decisiones, que moderan un tanto la inmediatez de un despliegue masivo. Pero avanzan los proyectos exitosos de implantación de estas tecnologías, del big data, del cloud… en los primeros pasos hacia la innovación digital de muchas organizaciones.

 España no ha sabido aprovechar la revolución tecnológica para alcanzar un liderazgo industrial en nuestro sector

Un cuello de botella importante reside en la disponibilidad del talento especializado. Esta escasez de profesionales resulta paradójica en un contexto de infrautilización de la capacidad de los jóvenes con educación superior de nuestro país. En resumen, 2019 ofrece un panorama estimulante para los que participamos del sector digital desde una perspectiva industrial española con proyección internacional. Estamos contribuyendo a que nuestra sociedad avance con la contribución de conocimiento y empleo cercanos. Los ecosistemas de innovación que nos permiten ser actores, y no solo espectadores, son nuestro hábitat natural.

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