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Visión del directivo: Un 2019 para interconectar el mundo

Marta Martínez, Presidenta de IBM para España, Portugal,Grecia e Israel

Marta Martínez Presidenta de IBM para España, Portugal, Grecia e Israel
Marta Martínez Presidenta de IBM para España, Portugal, Grecia e Israel

La creciente interacción entre hombre y tecnología  está transformando más que nunca los negocios y  nuestra vida cotidiana en general. Me gustaría poner  algunos ejemplos: la robótica colaborativa cognitiva  ya nos permite relacionarnos de forma personalizada con  robots. Recientemente hemos podido ver cómo trabaja el  robot con IA de ABB Yumi, capaz de servir un café o dirigir  una orquesta. La tecnología blockchain ofrece una trazabilidad  completa, segura y absolutamente transparente en las  transacciones comerciales. Por ejemplo, Carrefour la utiliza  ya en sus supermercados para garantizar la veracidad y fiabilidad  del origen y tratamiento de su pollo campero, criado sin  antibióticos. Los servicios inteligentes basados en plataformas  cloud aplicados a la vida cotidiana ya son una realidad.  Los ascensores y escaleras mecánicas de Kone interactúan  en la nube enviando miles de datos por segundo, para  ser analizados en tiempo real y así poder optimizar  su mantenimiento. 

Hay muchísimos ejemplos que demuestran  el enorme valor que surge de la interacción  de las personas con la tecnología. ¿Pero ha  alcanzado todo su potencial? Nos encontramos  en el momento de reflexionar cómo  desenvolvernos para que esta transformación  tecnológica aporte el máximo valor  a las organizaciones y a la sociedad en  general.  A lo largo de la historia hemos visto que  los cambios tecnológicos profundos son  siempre complejos. Por ejemplo, hoy, una  transacción realizada en el móvil o en la web pasa  de media por 35 sistemas diferentes, un 60% más  que hace cinco años. Cloud no es un entorno único ni  sencillo. La inmensa mayoría de empresas tienen múltiples  plataformas y proveedores cloud, con entornos, aplicaciones  y datos dispares. Muchas de las nuevas soluciones propietarias  están ‘atrapando’ y condicionando aspectos clave de  la arquitectura tecnológica de muchas empresas. Mientras  el ciberdelito no deja de crecer, los departamentos de seguridad  corporativos utilizan unos 80 productos diferentes de 40  proveedores distintos… 

La transformación tecnológica solo tiene sentido como base para la transformación del negocio

Modernizar es la clave

Sin resolver toda esa complejidad, será muy difícil avanzar.  Viéndolo en perspectiva, se ha avanzado mucho, pero solo en  las áreas más sencillas y menos valiosas, casi todo lo más relevante  está por hacer. Un 80% de las cargas de trabajo, las más  críticas e importantes, están aún en arquitecturas tradicionales.  Modernizar ese 80% es la clave para responder a las nuevas  necesidades de transformación de los negocios.  Y para conseguirlo, es necesaria una  aproximación más integradora y abierta. Es  necesario disponer de una sólida arquitectura  tecnológica. Desde nuestro punto de vista, hay  tres criterios fundamentales para abordar con  éxito esta nueva etapa:  La tecnología y la arquitectura tienen que  ser abiertas, lograr la integración necesaria  y asegurar la evolución a futuro del entorno  tecnológico  La aproximación tiene que ser especializada  para cada industria, porque la transformación  tecnológica solo tiene sentido como base para la  transformación del negocio. Estamos hablando  de una modernización que gira alrededor de los  datos de cada empresa, cuyo fin es incorporar  valor y capacidades nuevas a  todos los procesos de negocio.

Por  eso, en la arquitectura tecnológica  básica, en las aplicaciones  e incorporación de nuevas  capacidades como blockchain,  en la capa adicional  de inteligencia artificial, el  expertise tecnológico tiene  que ir de la mano del expertise  industrial.  Los cambios tienen que  ser seguros y merecer la  máxima confianza. Cuando vamos  a cambiar aspectos esenciales  de cómo funcionan las empresas,  las instituciones, el trabajo, de cómo  funciona literalmente el mundo, es necesario  poder confiar y poder generar confianza.  La transparencia es imprescindible. La  inteligencia artificial, por ejemplo, no puede ser  una caja negra. Si una solución de inteligencia  artificial no puede explicar su funcionamiento,  si no puede evitar o resolver sus posibles  sesgos, no debería utilizarse.  A lo largo de los últimos cinco años hemos  avanzado mucho. Hemos entendido las posibilidades  de la tecnología, pero también nos  hemos hecho conscientes de la complejidad.  Ahora es el momento de entender bien qué hay  que hacer para poder gestionar esa complejidad  y profundizar hacia una transformación  de más valor para el negocio. En definitiva,  estamos en un momento decisivo.   

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