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OPINIÓN: Spoiler, el gran delito de la era digital

Todos llevamos un spoiler dentro que saca a relucir nuestros bajos instintos.

En esta era digital el peor delito que uno puede cometer es ser spoiler. Los tiempos televisivos y multimedia no los dictan ya las cadenas o las majors. Los formatos digitales aportan esa autonomía y autosuficiencia para organizarte el fin de semana empapándote una o dos temporadas a tu libre albedrío. El último capítulo de Juego de Tronos ha puesto la figura del spoiler en el ojo del huracán. La gente salía a la calle con el oído alerta para evitar que un miserable ‘revientapelículas’ le arruinara el final de la historia. Muchas amistades se han roto y más de un cuñado bocazas ha sido ‘banneado’ por su familia política. Tras Juegos de Tronos, el colmo del spoiler llegó con la final de la NBA, Toronto Raptors contra mis admirados Warriors de Curry, Thompson y Durant.

Tras Juegos de Tronos, el colmo del spoiler llegó con la final de la NBA

Por mor de la rotación terrestre y de la tiranía de los husos horarios, el seguidor del basket no tiene más remedio que acomodarse a un horario antinatural si no quiere ser chafado con informaciones radiofónicas inoportunas o por comentarios de algún sádico compañero que disfruta desvelándote si el equipo de San Francisco mordió el polvo (@Juan Cabrera es un ejemplo de esta falta de escrúpulos). Pero lo que más daño me ha hecho ha sido que mi móvil, con la perfidia de Google, me ha hecho spoiler con sus notificaciones que nadie le pidió que me notificara. Y supe, a mi pesar, que el cuarto partido se lo llevó Toronto y que en el quinto Curry salvó los muebles con su instinto de killer. Con el sexto partido, cambié de estrategia, me quité las gafas y activé los highlights de Youtube sin que ninguna sombra impertinente me desvelara quién se llevaba el gato al agua. Pero no conté con una contingencia imprevista, mi batería estaba bajo mínimos. En el último minuto, cuando las espadas estaban en todo lo alto, un mensaje taxativo de mi móvil indicaba que en 10 segundos se apagaría sin remedio.

Mi angustia se agudizó, pero la pantalla inexorablemente se fundió en negro. Cuando llegué a la redacción, @Juan Cabrera me aguardaba con la más cruel de sus sonrisas. Entonces no tuve más remedio que hacer una loa a la familia Gasol y al portentoso Ibaca. Al fin y al cabo, todos llevamos dentro un profeta difícil de reprimir.

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