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OPINIÓN: Maquetadores digitales

La profesión de maquetador también ha experimentado su particular revolución digital, acompañando a los periodistas como colaboradores inseparables.

Ser cocinero antes que fraile es un refrán que me viene como anillo al dedo para esta tribuna. Sin ánimo de ser pedante, yo puedo decir que fui maquetador antes que periodista, y es algo que llevo a gala, porque me dio una dimensión espacial de las noticias. No se trataba de responder solamente a las cinco W clásicas (Who, What, Where, When & Why), sino de convertir tu información en un espacio atractivo para el lector. Porque el mejor titular y la entradilla más inductora no son nada si no le acompañan una tipografía adecuada al contenido, con un equilibrio entre las columnas y los recuadros.

Las imágenes también aportan vistosidad y más en estos tiempos en los que la gente no se detiene a leer un artículo a no ser que le cautive a primera vista. Ahora que cada cual busca el tuit más viral o el post con más engagement, vuelvo a mirar hacia los diseñadores de Computing que cada día buscan el planteamiento más original para elevar nuestros reportajes a una categoría superior. Cuando fui becario en prácticas en La Verdad de Murcia, me destinaron a maquetación, donde todavía se utilizaba el tipómetro, una regla con la que trazar la separación entre columnas (calles), las líneas de adorno (filetes), el cuerpo de las letras, etc. Tenían un monitor verde que les ayudaba a componer los textos, pero todo de una forma bastante ruda.

El jefe de diseño -que resultó ser un pariente lejano y se convirtió en mi entrenador-, acababa de venir de EEUU y me contó que había visto unos ordenadores que iban a revolucionar la maquetación periodística. Se refería a los Mac y los primeros programas de autoedición. Ahora los veo manejar el InDesign de Adobe con una soltura admirable, tras enterrar el pesado Quark Xpress. Ellos dan realce a nuestros textos y, como cocineros, hacen más ricos nuestros platos informativos, y tampoco pierden su vocación de frailes sentados ochos horas al día como innovadores amanuenses de una biblioteca digital.

Computing 790