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PUNTO TIC: Miguel Bosé, héroe o villano

Nos hemos convertido en hormigas que actuamos en bloque para censurar y denigrar cualquier expresión de la individualidad.

Me postulo como abogado de turno (o del diablo) para defender a un acorralado personaje mediático, Miguel Bosé, que ha sido castigado severamente por las redes sociales, con razón o sin ella, por esgrimir sus opiniones rayanas con la conspiración, por demonizar el 5G y echar pestes contra la vacuna con la que Bill Gates pretende ‘presuntamente’ convertirnos en autómatas. Como premisa fundamental, cada cual es libre de expresar sus pensamientos siempre que respete la libertad e integridad de las personas. Cierto es que alentó una manifestación contra las mascarillas, tildando que la pandemia es una mascarada (mascaradilla) y luego dejó tirados a muchos de sus seguidores, haciendo mutis por el foro y brillando por su ausencia en la rancia plaza de Colón de Madrid en la manifestación contra “la farsa del coronavirus”.

Pero cada vez siento con más fuerza el peso de una mayoría aplastante, una mayoría que no razona sino que se ha convertido en un puro eslabón de likes y dislikes de conductas y pensamientos. Nos hemos convertido en hormigas que actuamos en bloque para censurar y denigrar cualquier expresión de la individualidad. También es cierto que las presuntas individualidades son producto a veces de planes establecidos, que provienen de otros hormigueros antagonistas. Lo que Bosé defiende es a su vez el eco de un sector de opinión que está en contra de George Soros y los supuestos manipuladores de nuestra civilización, que “quieren imponer un nuevo orden mundial”. Pero este ‘nefasto’ orden defiende el librepensamiento, la libertad sexual en todas sus expresiones y los derechos de la mujer… Curiosos malhechores que se preocupan por el bienestar de los arrinconados por la sociedad.

Pido, si alguien es capaz de escucharme y de entenderme, que cada persona piense por sí misma, que no se crea las milongas que les cuente ni que se sienta superior a nadie

Nadie piensa por sí mismo, todo es un seguidismo de instintivo de tribu; o tal vez siempre lo fue. Así llegamos a las guerras más crueles, en las que los jóvenes perdieron la vida por ‘ideales’ con los que nada tenían que ver. Toda la vida hemos creído en prodigios religiosos (santísimas trinidades) y ahora creemos en los más disparatados cuentos tecnológicos. Ha cambiado el plano, pero la gente sigue actuando con el mismo automatismo inconsciente, siempre que no rompa sus esquemas, sus débiles esquemas establecidos.

Me niego a mandar a la hoguera a Miguel Bosé, por muy burdos que parezcan sus argumentos, y me niego a darle voz a un totalitarismo impersonal que funciona de rodillo implacable. Pido, si alguien es capaz de escucharme y de entenderme, que cada persona piense por sí misma, que no se crea las milongas que les cuente ni que se sienta superior a nadie.

Y es que como sucede en los acontecimientos deportivos. funcionamos como una ola, aportando nuestras dosis de energía a una fuerza que nadie controla, y que solo beneficia a la gente interesada que todo funcione al revés y patas arriba. No sigamos el juego ni a los aparentemente ‘ignorantes’ y ni a los poseedores de la verdad inmutable. Nadie tiene derecho a ejercer de juez supremo. Pero todos tenemos el deber de ilustrarnos, de aprender leyendo, instruirnos y saber que nadie tiene la razón con mayúsculas por mucho que la queramos imponer. Ni tampoco somos inquisidores para mandar a la hoguera a nadie. Pido a potenciales víctimas y verdugos que sean capaces de distanciarse del plano central y consigan entender que la verdad no es patrimonio de ningún mortal, sino la suma de todas nuestras limitadas visiones.

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