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CRÓNICA: La ciberguerra muestra sus fauces

La invasión rusa de ucrania desata una ola de ataques sin precedentes.

En 2016, Obama declaró el ciberespacio como el cuarto escenario de guerra tras aire, mar y tierra. Con la caída del muro de Berlín y el auge de Internet, la guerra fría se sumergió en las procelosas aguas de la Dark Web. Desde entonces, se viene produciendo una guerra larvada, que se ha disparado con la invasión rusa.

Es como ese lago plácido en el que los cisnes se deslizan por sus tranquilas aguas, pero por debajo sus palmas patalean en un espacio turbio de lodo y remolinos violentos. Así, la ciberguerra ha ido operando bajo el desconocimiento de la inmensa mayoría, bajo una aparente calma chicha, saboteando centrales nucleares, tumbando estructuras críticas, colapsando países… Desde 2013, justo antes de la anexión rusa de Crimea, el conocido grupo Gamaredon viene dirigiendo sus campañas contra funcionarios y organizaciones del gobierno ucraniano. En diciembre de 2015, se produce un ataque sobre la empresa UKranian Kyivoblenergo que provoca un corte de suministro para más de 225.000 clientes entre una y seis horas en un crudo invierno. En junio de 2017, un malware genera fallos de funcionamiento generalizados en todo tipo de empresas e instituciones ucranianas, incluyendo bancos, ministerios, diarios y empresas de electricidad.

Ray Canzanese, director de Netskope Threat Labs, es conocedor de esta larga carrera de sabotajes: “Esta ciberguerra entre ambos países ya se estaba librando desde mucho antes, incluso años, como parte del conflicto geopolítico en Ucrania. Ya en enero de 2022, Netskope Threat Labs monitorizó diversas campañas de malware, entre ellas la de WhisperGate, que borraba archivos y corrompía discos de los sistemas ucranianos”.

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