OpiniónSeguridad

Carta abierta al cibercrimen: Stop the ransomware, please

No es momento de ciberataques y menos a los hospitales que combaten la pandemia.

Antes de empezar quiero pedir disculpas a toda la legión de hackers éticos y demás expertos informáticos que dedican su labor a descubrir vulnerabilidades y brechas de seguridad para tratar de blindar la información de las empresas y de los ciudadanos. Una labor encomiable que no siempre es conocida por la mayoría de las personas, que han adoptado en su lenguaje la palabra hacker como sinónimo de ciberdelincuente, nada más lejos de la realidad. Un sambenito que tienen que soportar con resignación, porque la palabra hacker se ha apoderado de aquel otro ‘especialista’, pero más siniestro y oscuro, que trabaja en la sombra para lucrarse a costa de la ‘inocencia’ de la gente.

Y digo inocencia en toda la extensión de la palabra, abarcando un espectro que va desde la ignorancia, la avaricia o la buena fe, que muchas veces van emparentadas. Porque buscan el daño mediante trucos emocionales que se ha dado en llamar ‘ingeniería social’, que no es sino la expresión máxima del timo de la estampita en un medio donde la gran masa social se mueve con la torpeza de una tortuga en la arena.

Trato de entender (y de comprender), desde una perspectiva humana que se mueve en los instintos básicos, que los ciberdelincuentes os dediquéis a birlarnos la cartera al menor descuido, aprovechando nuestra impericia digital. Comprendo (y entiendo) que tratéis de haceros con la clave de nuestras cuentas corrientes y compraros todo lo que se os antoje, y que lo celebréis con sorna, sin que las víctimas sean conscientes del agujero hasta que el banco da la alarma. Qué os apoderéis de carteras de clientes millonarias para bombardear con mensajes de phishing y sacar partido de tanto incauto… Entiendo que os creáis ‘los dueños del mundo’ y que os sintáis capaces de volverlo del revés, como un calcetín, con tan solo unos comandos y una legión de robots a vuestro servicio, amparados por sistemas políticos enemigos de la ‘pérfida cultura occidental’.

Estados que os acogen en sus fortalezas y os permiten vivir impunes de vuestros delitos; e incluso trabajáis a sus órdenes para desestabilizar sistemas políticos antagonistas, interfiriendo en sus procesos electorales o desencadenando campañas desinformativas con fakes news con las que deformar la realidad a su antojo.

Entiendo que todas estas actividades forman parte de vuestra naturaleza y de vuestro status que no es otro que el de obtener pingües beneficios como integrantes de una industria del malware que también tiene sus business cases y modelos de negocio, por irónico que parezca. Una industria que se mueve por la Deep Web y que ha hecho de la extorsión y del secuestro de información un modo de vida, muy lucrativo por cierto, y con pocos riesgos para los más asentados.

Pero lo que no entiendo (ni admito) de ninguna de las formas, es que en una situación tan crítica como la actual, mientras doctores y doctoras, enfermeros y enfermeras, celadores y celadoras y todo el personal que conforma la sanidad, se juegan la vida y machacan su salud curando a miles de enfermos en las condiciones más adversas (y escalofriantes), muchos de vosotros sigáis golpeando a los hospitales con ataques de ransomware indiscriminados, tratando de inutilizar sus sistemas y provocando, colateralmente, un caos que puede ser todavía más letal. “En la República Checa hay constancia de que los hackers se concentran en los hospitales que luchan contra la epidemia con ataques de ransomware, lo que muestra hasta dónde pueden llegar para obtener ganancias monetarias”, ha advertido Rich Turner, SVP EMEA de CyberArk. Y también es notoria la ola de ciberataques sufrida por los hospitales españoles a través de otro tristemente célebre ransomware: netwalker.

No entiendo que ante un estado tan dramático y de indefensión, haya personas que no sientan siquiera un ápice de compasión y aparquen (aunque sea temporalmente) sus tropelías. Ya resultaría sarcástico que alguno de los artífices del ciberataque terminara infectado de coronavirus y no pudiera ser asistido en condiciones porque el centro de salud que lo acogió terminó colapsado por un ataque de ransomware.

Es tiempo de construir no de destruir, tiempo de ayudarnos y no hacernos todavía más daño. Pido desde esta humilde tribuna parar el ransomware y todo tipo de ataque, una tregua que en estos momentos tan dramáticos podría ayudar a no empeorar las cosas.  

Por favor… STOP THE RANSOMWARE

Computing 791