ENTREVISTAS

Moisés Camarero, Compusof: “La nube no es infinita, la escasez de cómputo está reconfigurando toda la industria”



Dirección copiada

Los hiperescaladores de IA ya consumen más de la mitad de la producción mundial de chips y se disparan los precios de los dispositivos

Publicado el 26 jun 2026



Moisés Camarero Compusof
Moisés Camarero, CEO de Grupo Compusof.

El mercado tecnológico global atraviesa una transformación profunda marcada por la efervescencia de los hiperescaladores de IA, que están absorbiendo buena parte de la capacidad mundial de semiconductores y redefiniendo las reglas de la cadena de suministro.

En esta entrevista, Moisés Camarero, CEO de Grupo Compusof, analiza cómo este nuevo equilibrio afecta a la producción de chips, la soberanía tecnológica de Europa y España, y el papel cada vez más estratégico de la infraestructura digital en un contexto de creciente tensión geopolítica, encarecimiento de los componentes y límites físicos de la nube.

¿Cuál es el panorama actual del mercado tecnológico mundial?

El mercado actual está bajo presión. Esa presión ha generado problemas tanto en los suministros como cambios en el tipo de dispositivos que van a requerir los clientes, en la forma en que los van a comprar y también en el tipo de integrador que van a necesitar.

Hablamos de un cambio mucho más estructural porque ha explosionado una nueva categoría de clientes: los hiperescaladores dedicados a la inteligencia artificial. Estos han pasado a absorber entre el 50% y el 60% de la producción mundial de procesadores y memorias.

Los hiperescaladores dedicados a la inteligencia artificial han pasado a absorber entre el 50% y el 60% de la producción mundial de procesadores y memorias

No es una situación que vaya a cambiar a corto plazo. Comenzó a finales de 2025 y los primeros contratos firmados fueron por dos años, aunque respondían a las previsiones de entonces. En 2025 los hiperescaladores invirtieron unos 300.000 millones de dólares en equipamiento para inteligencia artificial y, en 2026, ya hablan de 600.000 millones.

¿Lo principales fabricantes del mundo no son precisamente europeos?

En memorias, los grandes fabricantes son Samsung y SK Hynix, que concentran entre el 70% y el 80% de la producción mundial. Ambos son asiáticos. Existe un tercer fabricante importante, Micron Technologies, de capital estadounidense. Micron está construyendo nuevas fábricas, pero este tipo de instalaciones son extremadamente costosas y requieren varios años para entrar en funcionamiento.

La producción mundial de memorias ha aumentado todo lo posible, aproximadamente un 15%, pero la demanda es muy superior

Mientras tanto, la producción mundial de memorias ha aumentado todo lo posible, aproximadamente un 15%, pero la demanda es muy superior. Como consecuencia, el precio medio de las memorias ha aumentado alrededor de un 170%.

Con los procesadores ocurre algo parecido. Los principales fabricantes son Samsung, AMD e Intel. También tienen comprometida más de la mitad de su producción mundial.

En este cóctel entran en juego la geopolítica y los aranceles…

Por supuesto. Donald Trump ha establecido una serie de aranceles que antes no existían. En los países asiáticos ya había algunos, pero también han cambiado. Incluso China ha introducido modificaciones. Además de los aranceles, hay cuestiones geopolíticas muy importantes relacionadas con intereses nacionales y estratégicos.

Por ejemplo, hoy resulta fundamental disponer de fábricas de chips y memorias dentro del propio territorio y no depender de que estén en Taiwán. También es cada vez más importante contar con capacidades propias de inteligencia artificial y no depender completamente de Estados Unidos.

¿Hasta qué punto es importante esa soberanía tecnológica?

Si una empresa basa los procesos que generan valor añadido para sus clientes en una inteligencia artificial que depende de las decisiones estratégicas de Estados Unidos existe un riesgo evidente. De hecho, ya se han restringido determinados modelos. Por ejemplo, algunos modelos recientes de Anthropic solo pueden utilizarse en Estados Unidos.

¿Cómo puede afectar la crisis entre Irán y Estados Unidos a esta industria?

El impacto existe, pero es secundario. Sí afecta a la logística, porque altera las cadenas de suministro, pero donde más se nota es en la cuestión energética. Por el Golfo Pérsico transita petróleo, del que dependen, por ejemplo, las fábricas de Corea del Sur para generar la energía necesaria para producir. Sin embargo, ese no es el principal problema.

No hay materiales críticos para la fabricación de chips que dependan directamente de esa ruta, salvo uno: el helio. El helio es imprescindible para los procesos de litografía en la fabricación de los chips. Una parte importante del helio procede de Qatar y sale precisamente a través del Golfo.

¿Qué papel juega Europa en este escenario?

Europa lanzó hace unos años el llamado Chips Act, con una inversión comprometida de 44.000 millones de dólares para convertirse en un actor relevante en la fabricación de chips. El objetivo era similar al de Estados Unidos: atraer fábricas al propio territorio para reducir la dependencia exterior. Europa quería que, en 2030, el 20% de la producción mundial de chips estuviera ubicada en suelo europeo. Casi ninguna gran fábrica ha venido a Europa. Creo que únicamente hay un proyecto parcialmente comprometido entre Alemania y Francia, pero poco más.

Europa quería que, en 2030, el 20% de la producción mundial de chips estuviera ubicada en suelo europeo, pero casi ninguna gran fábrica ha venido a Europa

¿Y por qué ha fracasado el primer plan?

Porque no basta con construir una fábrica. Hace falta todo un ecosistema industrial alrededor: proveedores de componentes, de materiales, de servicios especializados… Ese ecosistema todavía no está suficientemente desarrollado en Europa. Además, la inversión prevista era claramente insuficiente.

Si pensamos que una sola fábrica de Intel en Arizona supone alrededor de 32.000 millones de dólares, resulta evidente que 44.000 millones para atraer el 20% de la producción mundial era una cantidad demasiado reducida.

Si Europa no ha logrado atraer la fabricación de chips, ¿qué estrategia está siguiendo ahora?

Europa ha lanzado un Chips Act 2 en el que ha cambiado el enfoque. Antes el objetivo era convertirse en un actor importante en la fabricación de chips. Ahora el objetivo es ser un actor indispensable dentro de toda la cadena de valor. La idea es potenciar aquellos ámbitos en los que Europa ya tiene una posición fuerte y puede convertirse en un socio imprescindible.

Por ejemplo, uno de esos ámbitos es ASML. Las máquinas que se utilizan para fabricar los chips son alemanas y constituyen un elemento absolutamente estratégico. Pero no es lo único. Europa también es muy fuerte en I+D, en talento y en fotónica. 

¿Qué puede aportar España en esa estrategia?

España también puso en marcha su propio programa, el PERTE Chip. La inversión ronda los 9.000 millones de euros, un tanto irrisoria. Aun así, España posee ventajas estratégicas muy importantes. La principal es su ubicación para albergar centros de proceso de datos. En ese aspecto, probablemente sea la mejor situada de Europa.

Además, contamos con mucho talento en investigación, desarrollo, diseño y fotónica. Y hay otro elemento muy relevante: España dispone de dos computadores cuánticos. Eso nos ofrece una oportunidad para desempeñar un papel importante dentro del ecosistema tecnológico europeo.

¿La energía solar puede ayudar a resolver ese problema?

El problema es que un centro de procesamiento de datos necesita un suministro eléctrico estable las veinticuatro horas del día, los 365 días del año. No puede permitirse apagones. La energía solar y la eólica aportan electricidad barata cuando están disponibles, pero no garantizan un suministro continuo. Por eso necesitan estar respaldadas por otras fuentes capaces de proporcionar energía de forma constante. Fundamentalmente hablamos de energía nuclear o hidráulica.

Pero ahí entramos en un debate político importante.

Lo lógico sería disponer de capacidad propia para alimentar todos los centros de procesamiento de datos que podrían instalarse en España

En España existe una posición política contraria a la energía nuclear. Desde mi punto de vista, deberíamos apostar por ella porque sería muy beneficiosa para este tipo de infraestructuras. Además, en realidad ya consumimos energía nuclear, solo que la compramos a Francia. Lo lógico sería disponer de capacidad propia para alimentar todos los centros de procesamiento de datos que podrían instalarse en España. Muchos proyectos no llegan precisamente porque no existe suficiente disponibilidad energética.

Si la inteligencia artificial va a ser cada vez más intensiva, ¿puede producirse un colapso para el resto de la industria?

La nube no es infinita. Ya lo estamos viendo. Cuando hacemos una consulta a ChatGPT o a Claude, cada vez encontramos más limitaciones. En algunos casos nos dicen que no tenemos suficientes tokens disponibles. Ocurre, por ejemplo, con determinados modelos de Anthropic que consumen todavía más capacidad de cálculo y, en algunos casos, solo están disponibles en Estados Unidos. No se trata únicamente de una cuestión comercial.

Nos dicen que no hay suficientes tokens porque, sencillamente, no existe potencia de cálculo suficiente. Y tampoco sería posible fabricar toda la capacidad que el mercado está demandando. No todo puede ejecutarse en la nube. Por eso la nueva filosofía tanto de las empresas como de los dispositivos pasa por distribuir las cargas de trabajo.

No todo puede ejecutarse en la nube. Por eso la nueva filosofía tanto de las empresas como de los dispositivos pasa por distribuir las cargas de trabajo

Una parte se ejecutará en local, otra parte en el edge -es decir, en infraestructuras propias de la compañía- y otra seguirá estando en la nube.

¿Trabajaremos en un modelo híbrido?

Seguiremos utilizando agentes de inteligencia artificial y aprovechando el talento humano, pero las cargas estarán repartidas. Precisamente por eso aparece un nuevo tipo de dispositivo: el IA PC. La renovación de Windows y la aparición de estos nuevos equipos coinciden con la enorme demanda generada por ChatGPT.

El IA PC viene precisamente a cubrir ese hueco: un ordenador capaz de ejecutar cargas de inteligencia artificial tanto en local como en el edge y en la nube.

Todo este escenario también tendrá un impacto en los precios.

Los precios están aumentando con mucha fuerza. Hoy un ordenador profesional ronda fácilmente los 1.000 euros, cuando hace relativamente poco era habitual encontrarlos por unos setecientos. Y esto no ha terminado. El problema es que tampoco existe una estabilidad de precios. Nosotros estamos elaborando ofertas comerciales con una validez de apenas una semana porque el precio puede cambiar de un lunes para otro.

¿Cómo está afectando esta situación al negocio de Compusof?

En realidad, nos está reforzando. Los clientes necesitan integradores mucho más sólidos. Necesitan compañías capaces de mantener un stock estratégico, de reservar capacidad de fabricación directamente con los fabricantes y de garantizar el suministro. Ya no basta con entregar un equipo. Hay que entregar el equipo, asegurar que llegue cuando el cliente lo necesita y acompañarlo de todos los servicios asociados. Hablamos de seguridad, de gestión, de mantenimiento y de optimización.

Por ejemplo, puede que no sea posible ampliar la memoria de determinados equipos porque simplemente no existe disponibilidad. Sin embargo, sí podemos mejorar su rendimiento mediante una gestión centralizada del software. Nosotros administramos parques completos de equipos. Gestionamos todo su ciclo de vida.

Artículos relacionados