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Pamplinas digitales

Ella no quiere oír hablar de smartphones ni de Internet de las Cosas.

Le espanta que el frigorífico se pueda a conectar a Internet y que los yogures se estropeen por obra y gracia de un hacker sin escrúpulos. Sin tener apenas rudimentos tecnológicos, ella piensa que nos tienen controlados, que todos nuestros movimientos están registrados en algún sótano oscuro de la Compañía Inteligencia Americana. No necesitaba de ninguna filtración de Wikileaks para saber que cualquier dato nuestro puede caer en manos de indeseables que lo pueden utilizar en nuestro perjuicio.

No le hables de Whatsapp, ni intentes encandilarla con que en Youtub están todas las canciones del mundo y que puede descargarse cualquier largometraje que le apasione. Que no le vengan con cuentos de que las redes sociales es el invento del siglo XXI. Para ella es un gigantesco patio de vecinos donde salen a relucir los instintos exhibicionistas de las personas y donde se hace escarnio de víctimas que no se pueden defender y a las que ridiculizan en masa.

Cierto es que la estupidez humana se puede reunir en terabytes

y aun así faltaría espacio para poder abarcarla. Y que la gente parece haberse rendido a un frenesí digital sin límites, aceptando sin ningún tipo de reserva una escalada tecnológica desmedida. Las empresas también han redoblado su estrategia inflando los mensajes digitales y ensalzando la figura del millennial y de las startups como los genuinos protagonistas de la nueva era.

Por ser usuarios de dispositivos parece que han llegado a la cima de su carrera, cuando lo que abunda es la ignorancia más supina. Un estudio de Kaspersky constata un ‘caos digital’ que crece de la mano del boom de las aplicaciones. Los españoles se descargan unas 12 apps al mes, luego borran una decena; pero solo el 62,5% revisan el contenido de sus móviles. Cuando se realizó una prueba con 66 de las aplicaciones más populares Android, 54 de ellas funcionaban en el dispositivo sin que los usuarios las hubieran abierto, consumiendo de promedio, unos 22 Mbytes de tráfico diario y sin interacción con el usuario. A ella todo esto se la trae al pairo, pues tiene un Nokia 3300 y es inmune a cualquier ataque de malware. Yo trato de explicarle… y mi mujer me corta tajante: “déjate de pamplinas digitales”.   

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