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El perfil del CEO de la próxima década

Jesús Arévalo García, Executive Director de Russell Reynolds Associates.

En el contexto actual de ecosistemas generados con la aceleración tecnológica y la transformación digital, es fundamental contar con líderes íntegros, resilientes y con capacidad para afrontar los cambios que impone el entorno disruptivo en el que nos encontramos. Una de las cualidades que debe tener el perfil del CEO es la riqueza y diversidad tanto en la experiencia como en la formación, pues son estas personas las que ofrecen un conocimiento que va mucho más allá del ámbito empresarial y esto es determinante para el diseño de la estrategia de una compañía.

 El papel del líder de la próxima década se va a centrar en lo que denominamos Ecosystem CEO, es decir, que ya no va a gestionar únicamente recursos o activos, sino que deberá interactuar con bancos, inversores, stakeholders, etc. Las asociaciones estratégicas entre compañías no son nada nuevo, pero actualmente nos enfrentamos a un cambio en las estructuras corporativas por el que los CEO que navegan en este nuevo entorno deben buscar socios complementarios con los que compartir experiencias, recursos y riesgo.

En Russell Reynolds hemos realizado recientemente una investigación que pone en valor un nuevo tipo de rasgos de la personalidad de un líder, más ligados a un lado pragmático, vulnerable y que conecta con las personas. Es lo que se conoce como ‘liderazgo silencioso’. En este estudio, palabras fuertes como pasión, inspiración, influencia, carisma y energía se usaban tres veces más a menudo en las descripciones del rol de un CEO que las que se refieren a características más silenciosas como humildad, autenticidad y ser buen oyente. Tener una personalidad fuerte, ligada al lado más ruidoso, no implica necesariamente un mejor desempeño de un puesto directivo, sin embargo, la capacidad de conectarse con los demás, de ser vulnerable o mostrarse reacio a la hora de asumir determinados riesgos se asocia a los perfiles con alta integridad.

Los mejores líderes no se definen por una sola habilidad, sino por su capacidad para moverse a través de diferenciadores aparentemente contradictorios en cada una de las competencias de liderazgo. Es decir, los líderes más efectivos pueden ser tanto disruptivos como pragmáticos, arriesgados y reacios, heroicos y vulnerables, catalizadores de personas y conectadores de equipo. Es importante que un CEO sea capaz de tomar riesgos en sus decisiones, pero también debe medirlos, priorizarlos, establecer los sistemas de seguimiento correctos. Debe tener capacidad de evaluación crítica de las decisiones y su evolución.

El líder heroico tiene un gran empuje, mucho carisma, energía y elevada capacidad de tracción de las organizaciones. Pero es necesario la vulnerabilidad, es decir, la capacidad de ser humilde, aprender de sus errores o de estar atento a que el feedback le permita cambiar.

Al líder que organiza se le define por un lado galvanizador, que cataliza a los equipos horizontalmente y, por otro, se le requiere conectividad, que es esa capacidad de establecer situaciones sostenibles de colaboración en las compañías y que se convierten en la unión de los equipos.

Todas estas cualidades son necesarias para la efectividad del liderazgo de la alta dirección en todas las industrias y culturas: integridad y resiliencia, los dos principales rasgos que definen a un buen directivo. En la tarea de seleccionar líderes adecuados para la próxima década, desde Russell Reynolds creemos en la necesidad de buscar un equilibrio y prestar atención tanto a los rasgos ruidosos como a los silenciosos a la hora de elegir a un candidato.

Esa combinación es la que define a un buen líder, ya que le otorga capacidad para adaptarse a todas las situaciones.

Estrategias a largo plazo

Nos movemos en un escenario de ecosistemas donde los directivos deben manejar con habilidad todo el entorno. Es necesario diseñar estrategias a largo plazo que contemplen diferentes factores como la inclusión de socios o la creación de un sistema de innovación que haga fluir las ideas disruptivas de aquellos trabajadores de la organización que no están en el equipo de dirección. Un modelo de gestión más humilde.

El CEO debe relajar su postura para permitir la creación de un flujo estratégico y que su comité de dirección esté adaptado a las nuevas circunstancias y centrado en ayudar y colaborar. Aquellos que son capaces de integrar las ideas internas y las relaciones externas con otros actores para trabajar en conjunto alcanzarán el éxito.

Aunque el mundo sigue dividido por sectores (industrial, consumo, energía, salud, etc.), se está empezando a afrontar la digitalización de manera transversal. La transformación digital está definiendo a su vez el perfil del nuevo líder: es necesario acabar con las culturas inmovilistas, apartar la idea de que las organizaciones solamente necesitan nuevos perfiles que las guíen hacia el nuevo entorno digital y hay que apostar por líderes que piensen y actúen rápido.

Otro punto fundamental para el futuro de las empresas y para crear resiliencia organizacional es la diversidad. Esta permitirá anticiparse o mitigar de forma más efectiva el riesgo y capitalizar una gama más amplia de oportunidades.

En este sentido, cobra mucha importancia la capacidad de liderazgo para crear una cultura y un entorno donde el poder de todas las formas de diversidad se pueda completar plenamente en toda la organización y será, sin duda, uno de los atributos de liderazgo definitorios para la próxima generación.

En Russell Reynolds hemos detectado que las características de los ejecutivos que logran los ambientes inclusivos y alcanzan el éxito en entornos que cambian rápidamente, tratan de empoderar a talentos diversos, escuchan activamente a todos los miembros, tienen capacidad de ser desafiados, aceptan y procesan diferentes puntos de vista y son líderes cuidadosos, fuertes y dispuestos a ser vulnerables, por lo que administran de manera efectiva la diversidad intercultural y descubren el potencial que presenta.

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