OpiniónMundo digital

El nuevo poder digital

El futuro da vértigo; la tecnología no para de sorprendernos en cada esquina.

Nuestro concepto ancestral de la cultura se desmorona. Saber idiomas ya no es un valor diferencial, si existe una aplicación que en tiempo real te comunica con otra persona que no sabe ni papa de español, y tú ni idea de chino… pero los dos entendiendo y comunicándose. No necesitas saber cuántas veces Colón viajó a América, ni cuántas tripulaciones han llegado a la Luna. Para qué aprender la lista de los reyes godos o quiénes eran los Cien mil hijos de San Luis. Unos versos de Machado, un ensayo de Montaigne, un drama de Calderón o una comedia de Shakespeare.

Es el poder digital: dominar un mundo virtual y moldearlo con un comando de voz o con un clic, con los que configurar la realidad a tu medida

Todo queda devaluado, porque el medio es lo que prima. Es el poder digital: dominar un mundo virtual y moldearlo con un comando de voz o con un clic, con los que configurar la realidad a tu medida. Los twits rigen tu pensamiento, y que no te metan rollos existencialistas. Jean Paul Sartre era un ‘paliza’, y seguro que no hubiera sido capaz de ganarte al Fornite. Ahora el coche te lleva a donde quiera, te puedes sentir tan sublime como un Churchill victoriano o una marquesa rusa postrevolucionaria exiliada en París. La tecnología te hace verte superior, un privilegiado que gasta más de la mitad de su sueldo en el último iPhone, porque lo vales y no hay más metas que alcanzar el alimento de los dioses digitales. La tecnología nos atonta pero nos hace más inteligentes; nos ayuda a vivir mejor y a incluir a los más necesitados y débiles.

Pero también es meterse en un bucle eterno: ese Hotel California del que ‘you can’t never leave’. El móvil nos da un poder del que no pensaste tener. Pero nos ha robado el alma, o lo poco que nos quedaba de ella. La felicidad nos la han vendido vestida de interfaz de usuario; nuestro ego se satisface en Instagram, y en LinkedIn nos sentimos útiles para el mundo. Un ‘me gusta’ es como si te vitorean en tu pueblo por una faena torera. De hecho, el pulgar hacia arriba es la máxima expresión del aplauso entregado. La tecnología nos da mucho, pero nos quita casi todo aquello que nos une con nuestro instinto, nuestro ser primigenio y natural. Una lobotomía que tal vez nos cure de nuestros fantasmas.

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