OPINIÓN

Manuel García del Valle, Inetum: Una nueva visión de soberanía y progreso



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La inteligencia artificial, la automatización y el uso masivo de datos están redefiniendo la productividad

Publicado el 3 feb 2026

Manuel García del Valle

CEO de Inetum en Iberia & Latam



Manuel García del Valle Inetum
Manuel García del Valle, CEO de Inetum en Iberia Latam.

La transformación digital ya no es un horizonte, sino un territorio en plena expansión. En apenas una década, la tecnología ha pasado de ser un instrumento a convertirse en el núcleo de las decisiones empresariales, políticas y sociales.

Sin embargo, la aceleración que hemos vivido en los últimos años ha dado paso a un tiempo distinto: el de la madurez tecnológica, en el que la clave no será incorporar más innovación, sino integrarla con sentido, ética y propósito.

Hoy asistimos a un cambio de paradigma en la relación entre lo humano y lo digital. La inteligencia artificial, la automatización y el uso masivo de datos están redefiniendo la productividad, la educación, la salud, la movilidad y hasta la gobernanza. Pero lo que está realmente en juego no es la eficiencia, sino el modelo de sociedad que queremos construir a partir de esta revolución.

La tecnología, por sí sola, no garantiza progreso: solo lo hace cuando está orientada al bienestar colectivo.

La aceleración que hemos vivido en los últimos años ha dado paso a un tiempo de madurez tecnológica, en el que la clave no será incorporar más innovación, sino integrarla con sentido, ética y propósito

El año que termina deja una evidencia incontestable: la inteligencia artificial generativa ha marcado un punto de no retorno. Su rápida adopción ha permitido comprobar su capacidad para multiplicar la productividad, transformar modelos de negocio y liberar tiempo creativo.

Pero también ha puesto sobre la mesa dilemas de fondo: la gestión de los sesgos, la protección de los datos, la autoría intelectual o el impacto en el empleo. El debate sobre la IA no puede reducirse a su potencial técnico, sino que debe incorporar una reflexión sobre sus implicaciones éticas, laborales y sociales.

Una etapa de consolidación

De cara a este año, las expectativas apuntan hacia una etapa de consolidación. Veremos una integración más transversal de la IA en los procesos empresariales, un refuerzo de las estrategias de ciberseguridad y un creciente protagonismo de las tecnologías duales -aquellas con aplicaciones tanto civiles como estratégicas-.

La innovación desarrollada para la defensa, por ejemplo, está encontrando cada vez más aplicaciones en ámbitos como la salud, la energía o la movilidad.

Tecnologías como la computación cuántica, la biotecnología o la automatización avanzada irán hacia un uso más compartido y colaborativo, impulsando una economía donde la tecnología dual se convierta en un factor de confianza, soberanía e inversión. Este enfoque abre una oportunidad estratégica para que España refuerce su liderazgo tecnológico y se consolide como hub de innovación dual, capaz de generar valor tanto económico como social.

Europa tiene ante sí un reto decisivo. La brecha en la adopción tecnológica respecto a Estados Unidos y Asia persiste, alimentada por la rigidez regulatoria y la falta de inversión en infraestructuras digitales. Pero también existe una oportunidad: la de liderar una transformación basada en valores, que combine innovación con protección de derechos, desarrollo sostenible y cohesión social.

2026 puede ser el año en que Europa defina su propia manera de competir en la era digital: no solo por su capacidad técnica, sino por la coherencia entre su progreso y sus principios.

2026 puede ser el año en que Europa defina su propia manera de competir en la era digital

El gran desafío seguirá siendo humano. La escasez de talento tecnológico, la necesidad de formación continua y la urgencia de atraer a nuevas generaciones hacia la ciencia y la tecnología marcarán la agenda global. La competitividad no dependerá tanto de la velocidad de las máquinas como de la capacidad de las personas para interpretar, decidir y liderar en entornos cada vez más automatizados.

La transformación digital ha dejado de ser un proceso para convertirse en una condición de nuestro tiempo. Nos adentramos en un ciclo en el que lo esencial será innovar con propósito.

Si la primera ola del cambio fue tecnológica, la siguiente deberá ser ética, sostenible y humana. Solo así podremos convertir la disrupción en progreso compartido, y la tecnología en una fuerza de cohesión, competitividad y bienestar colectivo.

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