Las empresas de todos los sectores están acelerando la adopción de soluciones de inteligencia artificial para optimizar operaciones y reforzar su competitividad. En un entorno donde los cambios tecnológicos avanzan a gran velocidad, los equipos directivos buscan aprovechar cuanto antes el impacto en productividad y eficiencia que estas tecnologías prometen. Sin embargo, la realidad muestra que el camino hacia una adopción madura sigue siendo largo. Según un estudio de Deloitte, solo el 3% de los directivos considera que su organización está realmente preparada para impulsar un cambio significativo mediante la inteligencia artificial.
Esta falta de preparación refleja la necesidad de una visión más estratégica. Muchas organizaciones abordan la IA a través de proyectos pequeños y aislados que se quedan en fase experimental, sin llegar a transformar la empresa. La introducción de tecnologías como la IA generativa no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en promover un cambio cultural que debe comenzar en la dirección y extenderse al resto de los equipos.
Si bien los directivos de estas empresas no necesitan ser expertos técnicos, sí es fundamental que comprendan el ecosistema tecnológico para tomar decisiones informadas sobre IA. Mantenerse al día requiere entender qué soluciones están funcionando en otras organizaciones, qué aprendizajes pueden extrapolarse y qué mejoras son necesarias. Este proceso demanda asesoramiento especializado que permita alinear las capacidades tecnológicas con los objetivos de negocio.
IA, un motor estratégico
La IA debe dejar de percibirse como un recurso aislado y pasar a ser un motor estratégico. Para ello, es esencial priorizar los casos de uso que generen mayor impacto y retorno. Los proyectos deben seleccionarse en función de su relevancia para el negocio y de su capacidad para escalar. Si una compañía lanza iniciativas desconectadas entre sí, sin una hoja de ruta clara, la adopción será limitada. Por el contrario, iniciar por los procesos de mayor impacto permite obtener resultados tempranos, extraer aprendizajes y aplicarlos en nuevas iniciativas.
Un enfoque conjunto y coordinado multiplica el valor de la IA. En lugar de desarrollar cada caso de uso por separado, las organizaciones pueden impulsar distintas aplicaciones desde un mismo acelerador o plataforma común. Esto facilita la adopción por parte de los usuarios, reduce el tiempo necesario para aprender nuevas herramientas y unifica los entornos operativos. Asimismo, una visión integrada favorece la escalabilidad: los modelos aumentan su eficiencia a medida que crecen en volumen de datos y capacidades compartidas.
La introducción de tecnologías como la IA generativa no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en promover un cambio cultural
Con una estrategia bien diseñada, la IA no solo reduce costes, sino que libera a los equipos de TI de tareas rutinarias, permitiéndoles dedicarse a la innovación. La automatización de tareas repetitivas, además, incrementa la satisfacción de los usuarios hasta en un 28%. Sin embargo, este proceso suele enfrentarse a la presión por obtener resultados inmediatos y a expectativas poco realistas. Por ello, es crucial definir KPI concretos, medibles y alineados con las necesidades reales del negocio.
Desde Tokiota subrayamos la importancia de contar con una hoja de ruta clara y adaptada a cada sector para evitar errores. La IA es una tecnología disruptiva y con cierto grado de incertidumbre, pero un liderazgo sólido unido al conocimiento técnico reduce riesgos y mitiga su impacto. El éxito reside en definir un plan estratégico preciso y en capacitar a los profesionales para que entiendan el valor de estas soluciones y las perciban como una oportunidad de crecimiento.
La formación continua será esencial para todos los equipos, junto con estructuras internas que fomenten la colaboración y el intercambio de conocimiento. Una buena práctica es crear un equipo ejecutivo que lidere la transformación y asegure que la IA generativa se consolide como un factor clave para el crecimiento y la competitividad.
En definitiva, la transformación real mediante IA exige una visión holística y pragmática: pasar de melodías aisladas a una auténtica obra conjunta donde toda la organización avance en la misma dirección.








