Recuerdo perfectamente mis primeros días estudiando Ingeniería Informática. Al entrar en clase y mirar a mi alrededor, me di cuenta de que algo llamaba la atención: en una promoción de más de cien estudiantes, apenas éramos cuatro mujeres.
Con los años he contado muchas veces esta anécdota y casi siempre provoca sorpresa. Hoy parece difícil imaginar una situación así, aunque todavía existen titulaciones técnicas donde la presencia femenina sigue siendo reducida.
En aquel momento, sin embargo, no le di demasiadas vueltas. Había elegido la ingeniería porque me fascinaba la tecnología, la capacidad de resolver problemas y la posibilidad de crear soluciones útiles para las personas y las organizaciones. El hecho de ser una de las pocas mujeres de la clase no me hizo replantearme mi decisión, ni por un solo instante, sino más bien animarme para continuar.
Lo que realmente me preocupaba no era ser una de las cuatro mujeres, sino decidir hacia qué área de la ingeniería quería orientar mi futuro. Las posibilidades eran enormes y eso era precisamente lo que más me atraía. Como les ocurría también a mis compañeros, la gran pregunta no era si habría oportunidades, sino cuál de todas ellas elegiríamos. Estaba allí porque me gustaba lo que estudiaba y porque quería dedicarme a ello. Nunca sentí que estuviera ocupando un lugar que no me correspondía.

«El futuro de la ingeniería pasa necesariamente por la diversidad. Los retos que tenemos por delante exigen talento, distintas miradas y capacidad de colaboración»
Con la perspectiva que dan los años, entiendo que aquella realidad tenía significado. No porque ser mujer fuera un obstáculo insalvable, sino porque reflejaba una época en la que muchas jóvenes ni siquiera contemplaban la ingeniería en informática como una salida profesional. Faltaban referentes cercanos y visibilidad sobre lo que realmente hacía una ingeniera informática.
Por suerte, las cosas están cambiando.
La eficiencia de la tecnología
Hoy trabajo ayudando a equipos de recursos humanos a ser más eficientes gracias a la tecnología. Mi día a día consiste en gestionar distintas áreas de una consultora para desarrollar aplicaciones a medida, integrar sistemas para evitar duplicidades de información y automatizar procesos, entre otros muchos menesteres. En definitiva, utilizo la tecnología para resolver problemas reales y facilitar el trabajo de las personas.
Y cuando miro a los equipos con los que colaboro, veo una realidad muy distinta a la de la universidad. En muchos casos, la presencia de mujeres y hombres está prácticamente equilibrada. Ese entorno cercano al 50 % ya no es excepcional, sino cada vez más habitual.
Ese cambio es importante, y viene motivado porque hoy en día la tecnología está presente en todo. La informática ya no es un área aislada dentro de las empresas, sino una herramienta transversal que impacta en todas las áreas. La transformación digital ha hecho que la tecnología esté en el centro de cualquier organización.
Quizá por eso sigue siendo necesario hablar de mujeres en la ingeniería.
No porque necesiten un trato diferente, sino porque durante demasiado tiempo muchas niñas crecieron sin conocer a ninguna ingeniera informática. Conocían otras profesiones, pero rara vez tenían cerca a una mujer que desarrollara aplicaciones, liderara proyectos tecnológicos o diseñara sistemas complejos.
Los referentes importan. No determinan el futuro de nadie, pero amplían lo que cada persona se atreve a imaginar para sí misma. Cuando una niña conoce a una persona que la inspira, descubre que ese camino también puede ser suyo.
Ni que decir, que la Ingeniería Informática ha cambiado mucho desde que yo estudiaba. Hoy hablamos de inteligencia artificial (mi nuevo reto y mi nueva pasión), automatización, datos o ciberseguridad. Ámbitos que requieren conocimiento técnico, pero también creatividad, comunicación y trabajo en equipo. Ya no se trata solo de programar, sino de entender problemas y construir soluciones.
Por eso creo que el futuro de la ingeniería pasa necesariamente por la diversidad. Los retos que tenemos por delante exigen talento, distintas miradas y capacidad de colaboración. No podemos permitirnos prescindir de la mitad del talento disponible.
Cuando miro atrás y recuerdo aquella aula con apenas unas pocas mujeres, siento que hemos avanzado mucho. Cuando miro alrededor y veo los equipos con los que trabajo hoy, me convenzo de que el cambio es real. Queda camino por recorrer, pero la dirección es la correcta.
Mi trayectoria me ha permitido pasar por distintas etapas: inicios como programadora, después a formar a mis propios equipos, más tarde en gestión de proyectos, liderando departamentos, coordinación de distintas áreas, y hoy directamente ayudando a los clientes a definir desde el inicio qué solución encaja mejor con sus necesidades. Si algo he aprendido es que la ingeniería en informática no te encierra en una sola carrera, sino que te abre muchas puertas.
Quizá el verdadero éxito llegue el día en que deje de sorprendernos encontrar mujeres en cualquier ámbito de la ingeniería. El día en que simplemente hablemos de profesionales aportando conocimiento, innovación y soluciones.
Y, sinceramente, creo que estamos cada vez más cerca de ese momento.







