La nube es la gran autopista de la economía digital. Durante años, su despliegue se ha apoyado en argumentos como la velocidad de despliegue, la escalabilidad o la agilidad y, hoy, estos argumentos no han perdido importancia, pero están siendo eclipsados por una preocupación general de las organizaciones acerca de quién controla sus datos, con qué garantías y bajo qué jurisdicción.
“A medida que las organizaciones han ido trasladando cargas críticas a los entornos híbridos y multicloud, y que la IA ha empezado a alimentarse de datos cada vez más sensibles, la soberanía del dato ha dejado de ser solo una cuestión de cumplimiento normativo y se ha convertido en un criterio de arquitectura tecnológica y de resiliencia”, explica Maite Ramos, directora general de NetApp Iberia.
En el debate alrededor del dato soberano ya no basta saber dónde se aloja la información, sino quién puede acceder a ella, cómo se protege y qué leyes la gobiernan. También es clave demostrar dónde se guardan las copias, quién custodia las claves de cifrado o cómo se audita el ciclo de vida de la información.
Este debate es especialmente intenso en Europa, donde la soberanía del dato está marcada por una regulación exigente con desarrollo a nivel europeo, nacional y sectorial, e impacta especialmente en sectores donde el dato es un activo crítico como el sector público, la defensa, la sanidad, las infraestructuras críticas o el financiero.
“Las organizaciones necesitan seguir usando la nube para innovar, sin generar riesgos sobre el acceso y la seguridad de sus datos o su dependencia tecnológica”, explica Maite Ramos. “La IA generativa ha hecho que esta necesidad sea aún más urgente porque el éxito de los proyectos de inteligencia artificial no depende solo del algoritmo, sino de los datos que lo alimentan, y de si estos datos están actualizados, son seguros, soberanos, disponibles y clasificados, etc.”.
Las organizaciones europeas no quieren renunciar a las ventajas de la nube pública, pero tampoco verse expuestas a que un nuevo requisito regulatorio les obligue a rediseñar sus arquitecturas. Es en este contexto donde NetApp, la compañía de la infraestructura de datos inteligente, sitúa su propuesta soberana.
Gestión y almacenamiento del dato
La tecnológica insiste en que, en última instancia, la soberanía depende de quién controla el dato y el dato reside en la capa de almacenamiento. Desde esa premisa, NetApp articula una capa común de gestión y almacenamiento de datos capaz de operar en entornos on premises, nubes privadas, proveedores locales y en las principales nubes públicas como AWS, Azure o Google Cloud. Gracias a ello, las organizaciones europeas pueden utilizar distintos modelos de nube sin fragmentar la gobernanza de sus datos.
NetApp trabaja junto con los controles nativos de los hiperescaladores para garantizar que los datos se creen y almacenen únicamente en las regiones autorizadas. El cifrado es otro elemento fundamental, ya que NetApp admite claves gestionadas por el proveedor cloud, por el cliente e incluso la gestión externa de claves.
La organización diseña plataformas que llevan la IA a los datos y no al revés, para articular pipelines de datos listos para ser usados por las aplicaciones inteligentes, al mismo tiempo que se mantienen las políticas de residencia, privacidad, acceso y seguridad que exige la soberanía. Una de las principales ventajas de la capa común de datos que articula NetApp es la continuidad que, en un contexto geopolítico y normativo cambiante, es un activo estratégico.








