La innovación orientada al crecimiento, la aplicación de la inteligencia artificial y las tecnologías de frontera, la autonomía estratégica y la gobernanza tecnológica marcarán buena parte de las decisiones de empresas e instituciones durante el nuevo curso económico y empresarial, según la Asociación Española de Empresas de Consultoría (AEC).
De acuerdo con la asociación, la aceleración de la competencia tecnológica internacional obliga a España a convertir sus capacidades digitales y científicas en productividad, capacidad industrial, seguridad y empleo de calidad. La inteligencia artificial, la computación cuántica, la ciberseguridad y las tecnologías de doble uso condicionan ya la competitividad de las empresas, la protección de las infraestructuras y la posición de los países en el escenario internacional.
José María Beneyto, presidente de la AEC, destaca que “la tecnología se ha convertido en una cuestión de país. El nuevo curso exige situar las decisiones tecnológicas al mismo nivel que las económicas e industriales. De ellas dependerán directamente nuestra productividad, la capacidad de competir de las empresas y el margen de actuación de España y de Europa”.
El nuevo curso exige situar las decisiones tecnológicas al mismo nivel que las económicas e industriales; de ellas dependerán directamente nuestra productividad
Para el directivo, “España cuenta con una base científica, industrial y empresarial sólida para ganar peso en la nueva economía tecnológica. El próximo paso es acelerar la transferencia de conocimiento, impulsar la inversión y convertir la innovación en soluciones de mercado, un tejido productivo sólido y empleo de calidad”, añade Beneyto.
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Convertir la innovación tecnológica en productividad y crecimiento
El primer reto identificado por la AEC consiste en lograr que la innovación se traduzca en una mejora efectiva de la productividad y en nuevos modelos de negocio. La competitividad dependerá de la capacidad de las organizaciones para transformar sus procesos, desarrollar productos y servicios y generar valor mediante la tecnología.
También afirma que existen dificultades para convertir el conocimiento científico en aplicaciones comerciales, facilitar el crecimiento de las empresas tecnológicas y movilizar inversión hacia las fases de industrialización.
Sugiere que será necesario definir nuevos mecanismos de financiación que permitan mantener el impulso inversor en digitalización e innovación una vez finalizado el ciclo extraordinario asociado a los fondos europeos.
Llevar la inteligencia artificial a resultados reales
La AEC asegura que la prioridad para empresas y administraciones será incorporar la IA a procesos, productos y servicios concretos y traducir sus capacidades en mejoras de productividad, calidad y toma de decisiones.
Será necesario definir nuevos mecanismos de financiación que permitan mantener el impulso inversor en digitalización e innovación
Pero insiste en que extender su utilización exige datos de calidad, infraestructuras adecuadas, sistemas seguros y profesionales preparados. También apunta a revisar procesos, responsabilidades y formas de organización del trabajo para combinar de manera eficaz las capacidades humanas y tecnológicas.
Junto a la inteligencia artificial avanzan la computación cuántica, la automatización, la robótica y el edge computing. La asociación piensa que la convergencia entre estas tecnologías abre nuevas posibilidades para la industria, la salud, la energía, los servicios financieros, las infraestructuras y las administraciones públicas, al tiempo que plantea nuevas implicaciones empresariales y sociales.
Reducir las dependencias y reforzar la seguridad tecnológica
Por ello, de acuerdo con la AEC, el tercer desafío será fortalecer la capacidad de España y de Europa para desarrollar, adquirir y proteger tecnologías estratégicas. La autonomía estratégica pasa por identificar las capacidades esenciales, reforzar las cadenas de valor y construir alianzas que amplíen el margen de decisión y negociación de Europa en una economía interconectada.

La ciberseguridad ocupa una posición central en este reto. La digitalización de la economía y de los servicios públicos multiplica las oportunidades de innovación, pero también amplía la exposición de empresas, instituciones e infraestructuras críticas a nuevas amenazas. La resiliencia tecnológica, la protección de los datos y la continuidad de las operaciones se consolidarán como responsabilidades de primer nivel para los órganos de dirección.
Gobernar la transformación y formar a las personas
El cuarto reto será construir modelos de gobernanza que permitan incorporar las nuevas tecnologías con seguridad, responsabilidad y confianza.
Al mismo tiempo, la transformación tecnológica exigirá una evolución profunda de las competencias profesionales. “Gobernar las nuevas tecnologías significa orientar su uso, definir responsabilidades y preparar a las personas para trabajar con ellas. Su despliegue será sostenible cuando se traduzca en crecimiento, confianza y nuevas oportunidades”, señala José María Beneyto.







