IA y generación de contenidos: ¿Qué pasa con la propiedad intelectual?

Se han criticado muchos aspectos relacionados con la implantación de estos sistemas, entre ellos la posible destrucción de puestos de trabajo que puede suponer la automatización de tareas. Por Enrique Puertas, Profesor de Inteligencia y Big Data de la Universidad Europea de Madrid.

Publicado el 14 Feb 2023

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Que la inteligencia artificial está presente en todos los sectores de nuestra sociedad es algo que ya no se discute. Si hace unos años todavía existía gente escéptica con respecto a su verdadera utilidad, hoy en día, con la gran cantidad de iniciativas que están surgiendo en todo el mundo, todo parece indicar que la inteligencia artificial es ya una realidad a la que debemos acostumbrarnos. Desde el sector financiero a la medicina, pasando por el sector retail o el automovilístico, la inteligencia artificial está cambiando la forma en la que hacemos las cosas. Y es que, por ejemplo, si antes era necesario que un médico estudiase una radiografía para diagnosticar una enfermedad, hoy en día existen programas de inteligencia artificial que son capaces de diagnosticar enfermedades con una precisión casi perfecta, superando a los médicos humanos. En la industria ocurre lo mismo en prácticamente todos los sectores. Multitud de tareas pueden realizarse usando inteligencia artificial con una precisión y calidad superior a la de las personas, y la mayoría de las empresas se han dado cuenta de que, si no empiezan a introducir sistemas inteligentes en sus operativas, serán cada vez menos competitivas.

Detractores de la IA

Sin embargo, esta expansión de la inteligencia artificial tiene también sus detractores. Se han criticado muchos aspectos relacionados con la implantación de estos sistemas, entre ellos la posible destrucción de puestos de trabajo que puede suponer la automatización de tareas. Algunos economistas temen que la inteligencia artificial eliminará por completo muchos empleos, dejando a millones de personas sin trabajo y sin medios para mantenerse. Otros en cambio argumentan que la inteligencia artificial creará nuevos tipos de puestos de trabajo que requerirán habilidades y conocimientos que no existen hoy en día, y que se crearán más puestos de trabajo de los que se destruirán, solo que estos serán más especializados.

Hace unos años existía un consenso bastante unánime en que los puestos de trabajo que podrían verse más afectados con la llegada de la inteligencia artificial serían los que se encargan de realizar tareas repetitivas y rutinarias, ya que son las que más fácilmente pueden ser automatizadas. La mayoría de los expertos en la materia coincidían en que los puestos de trabajo más creativos, como los de diseñadores, periodistas, novelistas o ilustradores, serían los que no iban a ser sustituidos por algoritmos de inteligencia artificial, ya realizan actividades que son más difíciles de automatizar debido a ese aspecto de creatividad que conllevan.

Sin embargo, esta visión sobre el impacto de la inteligencia artificial en los sectores más creativos ha cambiado radicalmente en el último año debido a la aparición de las redes neuronales generativas y a los modelos de difusión, que están permitiendo que un ordenador pueda escribir una novela, un artículo periodístico, o un guion de cine, y generar imágenes que sirvan como ilustración para la portada de un álbum musical, para crear un cómic completo desde cero en un par de horas, o diseñar el logotipo para una empresa con un solo click de ratón.

Sistemas de generación de texto como GPT-3 de OpenAI o T5 de Google, son capaces de escribir desde cero sobre cualquier cosa que les pidamos, y sistemas como Dall·E 2, Midjourney o Stable Diffusion pueden crear fotos e ilustraciones a partir de una frase en la que le indicamos qué queremos y con qué estilo lo queremos. De igual forma existen modelos de inteligencia artificial que son capaces de generar audios (voces o canciones, por ejemplo).

Y es muy importante saber que los textos, imágenes, y audios que nos devuelven estas inteligencias artificiales creativas no se han recuperado de Internet ni de una base de datos. Son obras que han sido ‘ideadas’ y ‘creadas’ desde cero por el algoritmo, por lo que son completamente nuevas y originales.

Derechos de autor

Esta nueva ‘creatividad’ de la inteligencia artificial abre un nuevo debate sobre el tema de los derechos de autor y la propiedad intelectual. ¿A quién pertenecen los derechos de autor y de explotación de una obra que ha sido creada de forma autónoma por un algoritmo? ¿Qué pasa si una novela escrita por una máquina se convierte en un ‘best seller’ con un valor de millones de euros? ¿Y si una canción generada por un algoritmo se convierte en la canción del verano?

Como en muchos otros aspectos ligados a la inteligencia artificial, la regulación va muy por detrás de los avances tecnológicos, y hoy en día hay muchas cuestiones abiertas en torno al uso de la inteligencia artificial (no solo en temas de propiedad intelectual). Lo que está claro es que a medida que los algoritmos de generación de texto y de imágenes se vayan integrando como funcionalidades de las herramientas que usamos en nuestro día a día, estos vacíos normativos se irán resolviendo. De hecho, empezamos a ver algunos casos de gestión de los derechos de imagen digital, como es el caso de Bruce Willis, que ha vendido su ‘imagen digital’, de forma que ahora se pueden hacer películas, series o anuncios en donde sale Bruce Willis, pero en las que no ha trabajado Bruce Willis.

Independientemente de cómo se resuelvan las cuestiones éticas y de propiedad intelectual, estos sistemas creativos van a seguir avanzando y mejorando, y en muy poco tiempo veremos cómo empiezan a impactar en todos los sectores, pero muy especialmente en los de la cultura y el entretenimiento. No estamos muy lejos de que una inteligencia artificial sea capaz de analizar una película, que automáticamente extraiga el audio con los diálogos, los traduzca a decenas de idiomas, clone la voz de los actores y recree nuevas pistas de audio con doblajes automáticos en distintos idiomas (pero con la voz de los actores originales), haciendo modificaciones en los fotogramas para que el movimiento de labios y boca esté sincronizado con los doblajes generados. Y todo este proceso realizado en solo unas horas.

Las industrias del marketing y del videojuego son otras de las que también se verán muy afectadas por la incorporación de la inteligencia artificial a los procesos de creación. Con las tecnologías que existen actualmente ya es posible usar un algoritmo para que nos genere el guion de una historia para un videojuego, que nos cree los gráficos de los escenarios, de los personajes, y que genere las animaciones correspondientes de los movimientos. Y todo con el estilo que nosotros le indiquemos.

Lo mismo ocurrirá con los libros y los artículos. Será muy difícil distinguir si lo que estamos leyendo lo ha generado una persona humana o una inteligencia artificial, aunque si lo que estamos leyendo nos gusta, ¿qué más da quién lo haya escrito?

Como por ejemplo este artículo. Podría haberlo escrito una persona o un algoritmo. Con la tecnología actual ambas opciones son posibles 😉.

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Redacción

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