Hace ya casi dos años que chatGPT fue portada en todos los medios de comunicación. Las previsiones ciberapocalípticas de las primeras semanas sobre la IA se van apagando. No parece que, por el momento, vayamos a vivir un escenario propio de la película ‘The Terminator’. Sin embargo, sigue habiendo numerosas voces que profetizan el fin de algunas profesiones. Una de las frases que más he escuchado durante los últimos dos años es que “La IA va a acabar con la ingeniería del software porque ya no hará falta programar, todo lo hará ella”. Hace un año era la herramienta Copilot la que acabaría con los programadores, en un acto de justicia poética, ya que la IA salió de sus manos. La noticia estos días en el mundo profesional es que hay otra herramienta mucho mejor llamada Cursor que liquida a Copilot. Hay que aclarar que Cursor ha sido desarrollada por programadores humanos, esos con los que iba a terminar Copilot.

Lo que nos va a permitir la IA es resolver problemas que antes estaban fuera del alcance de la tecnología
FRANCISCO JAVIER GARCÍA, U-TAD
Índice de temas
Presagios fallidos
Mucho antes de la irrupción estelar de ChatGPT hubo otros momentos en los que se han formulado presagios sombríos igual de fallidos. La razón por la que estos vaticinios no se cumplen es porque parten de una premisa errónea. Todos suponen que, ante la aparición de una innovación, el desarrollo de software no va a evolucionar. Es todo lo contrario, en este sector los ciclos de destrucción creativa, como la describió Schumpeter, son muy breves. Cada nueva herramienta, cada cambio de paradigma, desencadenan una carrera por encontrar nuevas aplicaciones y solucionar problemas más complejos. Esto lo estamos viviendo ahora con las herramientas de IA, la productividad está aumentado de forma significativa. Ahora tenemos a un click todo el conocimiento que antes estaba disperso por la red, o hace un cuarto de siglo por distintos libros. Copilot o Cursor son la oportunidad de preguntar a un ingeniero con experiencia cómo se resuelve tal o cual cuestión, algo que antes llevaba mucho más tiempo. Pero no crean, solo reproducen lo que han aprendido de un corpus de información muy extenso y bien documentado.
La amenaza existe para quien no esté dispuesto a cambiar y adaptarse al nuevo entorno. En los años 70 existían técnicos cuyo trabajo consistía en grabar tarjetas perforadas. Ese empleo desapareció con el uso generalizado de terminales modernos. La industria del software no solo no retrocedió, sino que experimentó un salto cualitativo, como luego con la popularización de los PC y más tarde con los móviles inteligentes. La IA es un cambio sustancial, pero similar en impacto a los citados. Muy útil para quien sabe qué es lo que quiere hacer con ella, pero inoperante para quien ignora los rudimentos de la programación. Los aviones comerciales vuelan con piloto automático desde hace décadas, pero eso no ha acabado con la tripulación humana, que toma las decisiones, entre otras cuando desconectar ese equipo.
Qué permite la IA
Lo que nos va a permitir la IA es resolver problemas que antes estaban fuera del alcance de la tecnología. Igual que hace veinte años Google Maps acabó con los mapas impresos para callejear o planificar un viaje, ahora vamos a disponer de traducción oral simultánea, diagnóstico médico por imagen mucho más preciso, películas y series con tramas personalizadas o ayudas a la conducción que harán mucho más seguras las carreteras. Y para todo ello seguirán siendo necesarios profesionales humanos bien formados, que actualicen sus conocimientos de forma permanente y sean capaces de generar las ideas para transformar nuestro entorno. Las máquinas serán más potentes y capaces de lo que podemos imaginar, pero seguirán siendo máquinas.







