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Soberanía del dato, AI Act y agentes autónomos: las tres claves del despliegue de IA empresarial en 2026


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LKS Next analiza el estado de adopción de la inteligencia artificial en las organizaciones tras la entrada en vigor de la fase de inspección y sanción del reglamento europeo

Publicado el 5 oct 2026



Tendencias IA



Un número creciente de compañías está trasladando sus proyectos de inteligencia artificial desde servicios en la nube de terceros países hacia infraestructuras propias o europeas. El objetivo de este movimiento es proteger la información sensible del negocio, reducir costes de procesamiento y evitar que los datos queden sujetos a marcos legales de otros países. Esta tendencia se ve respaldada por la Data Act, la norma europea que permite a las empresas trasladar su información de un proveedor a otro sin penalizaciones.

El AI Act intensifica el cumplimiento normativo y las auditorías

Desde el pasado 2 de agosto está en vigor la fase de inspección y sanción plena del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial (AI Act). Los organismos supervisores nacionales, como la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) en España, cuentan con capacidad plena para inspeccionar y sancionar incumplimientos con multas de hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación global de la compañía.

La normativa exige a cualquier organización identificar y clasificar sus sistemas de IA según el nivel de riesgo, además de garantizar la formación de sus equipos en el uso de estas herramientas. Esta obligación se suma a la capacidad efectiva de sanción de los supervisores, situando la gobernanza entre las prioridades empresariales.

Los agentes de inteligencia artificial pasan a producción en los procesos de negocio

Las empresas que utilizan agentes de inteligencia artificial —sistemas capaces de completar tareas de forma autónoma sin supervisión paso a paso— representan el 40% en 2026, tras haber sido una minoría en 2025. Su integración avanza principalmente en funciones como la atención al cliente y la gestión documental.

No obstante, se advierte de que más del 40% de estas iniciativas podría abandonarse antes de 2027 si no se define previamente el control sobre sus actuaciones. La diferencia entre un asistente y un agente radica en que este último puede actuar de forma autónoma dentro de los sistemas corporativos, por lo que su despliegue requiere mecanismos de control y la participación del criterio humano en los procesos más sensibles.

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