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OPINIÓN: Futurum est Quantum

Por Bernardo Villazán Gil, co-director Cátedra de Industria Conectada Universidad Pontificia Comillas ICAI.

En 1982, el Premio Nobel de Física Richard Feynman concibió la idea de emplear partículas sub atómicas en un diseño teórico radicalmente distinto, y extremadamente potente, de ordenador, al que denominó quantum. La posibilidad de existencia de estas partículas en más de un estado distinto permitiría realizar operaciones y cálculos prohibitivos para la lógica binaria. En binario, un bit es la unidad elemental de información y puede adoptar uno de dos estados. El concepto Quantum emplea quantum bits o qubits, que pueden representar todos los estados posibles de un punto en la superficie de una esfera, gracias a que estos pueden superponerse. Conviene recordar que en esos años 80 del siglo pasado, comenzaba el despliegue de los ordenadores personales y la llamada revolución digital cobraba forma. Las Tecnologías de la Información y de Comunicaciones han estado cada vez más presentes en empresas y hogares.

El concepto Quantum emplea quantum bits o qubits

Resolviendo problemas o creando necesidades, y en escasas décadas, las sucesivas arquitecturas de ordenadores, espoleadas por la ley de Moore, nos han llevado más lejos, más fuerte y más alto. Tanto, que hemos logrado acercarnos a los límites físicos de la electrónica digital. Quantum se ofrece para llevarnos a partir de aquí al otro lado de esos límites, hasta el infinito, y más allá. Las grandes compañías tecnológicas, e incluso algunos gobiernos que identifican como geoestratégica esta tecnología, están realizando inversiones relevantes en investigación y desarrollo. Algunos anuncian ya la llegada de la quantum supremacy, el momento en que los límites queden ya atrás, y los siguientes no seamos capaces siquiera de imaginarlos.

Conseguir la estabilidad de los qubits a la baja -extremadamente baja- temperatura necesaria sigue siendo hoy un reto tecnológico no menor. Mientras se resuelve, podemos ir redactando los enunciados de los problemas que pretendemos solucionar, incluso atrevernos a dar los primeros pasos detrás del horizonte. Contribuiremos así a pintar el cuadro desde dentro, paisaje, colores y personajes, incluso sonidos superpuestos con nuestras propias voces. Probablemente pasen varias décadas hasta que los nuevos ordenadores quantum se popularicen. Antes, la supremacía se habrá demostrado, y también las exponenciales capacidades de simulación y optimización de procesos.

No debe sorprendernos que sectores como energía o logística sean pioneros, tienen pendientes cuentas que saldar con los bits. Seguirán el resto de los sectores, nadie querrá quedarse al otro lado de la frontera conquistada. Los qubits llegarán a formar parte de la vida cotidiana de los nietos de nuestros nietos, o incluso en alguna generación anterior. Lógica de estados superpuestos en sus quantum gadgets les llevarán a plantearse nuevas preguntas y necesidades. Distinguirán entre nativos quantum y el resto, en una sociedad polarizada, y excluyente, si antes no somos capaces de colocar a la persona y su bienestar en el centro del futuro. Les propongo que vivamos en ausencia de miedo a lo tecnológicamente desconocido, y que dediquemos suficiente tiempo de calidad para aprender y desaprender, para volver a hacerlo a lo largo de toda nuestra vida. La curiosidad será el mejor antídoto contra el temor a quedarnos sin preguntas.

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