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Alberto Pascual, presidente de Aslan: “Nuestro enfoque es anticipar, identificar retos y colaborar para encontrar soluciones”



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En un contexto tecnológico marcado por la madurez de la inteligencia artificial y las tensiones geopolíticas, Aslan redefine su papel como articulador de ecosistemas

Publicado el 20 mar 2026

Rufino Contreras

Redactor Jefe



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CLAVES DE LA ENTREVISTA

  • La inteligencia artificial entra en fase de aterrizaje: menos hype, más casos reales, aunque con limitaciones como las “alucinaciones”.
  • La computación cuántica y la ciberseguridad emergen como próximos grandes ejes tecnológicos.
  • El principal freno no es la estrategia, sino la ejecución: falta inversión sostenida y mayor implicación del capital privado.
  • Energía y suministro de componentes se convierten en cuellos de botella críticos que amenazan la competitividad empresarial.

Ha pasado un año. Las mismas caras, el mismo Fórum… pero el contexto parece muy distinto. ¿Seguís en la misma hoja de ruta o han cambiado muchas cosas?

La verdad es que estamos en uno de los momentos más dinámicos que hemos vivido. Las tecnológicas hemos sido parte importante de esa aceleración de los cambios y seguimos siéndolo.

En este último año han pasado muchas cosas. El hype de la inteligencia artificial, por ejemplo, se ha ido asentando. Hemos empezado a entender mejor qué puede hacer realmente, qué no y, sobre todo, cómo sacarle partido de forma práctica.

También hemos visto que la inteligencia artificial generativa, que es la que más visibilidad ha tenido, tiene limitaciones claras. Al entrenarse con fuentes abiertas, las alucinaciones siguen estando ahí y hay que usarla con cuidado.

Aun así, ha habido avances muy importantes en otras áreas: en sistemas agénticos, en desarrollos RAG o en casos de uso muy verticales. Es decir, la tecnología está pasando de la expectativa a la aplicación real.

Y, además, empieza a hablarse cada vez más en serio de la computación cuántica. Todavía está en una fase incipiente, pero ya es algo que hay que tener en cuenta. Eso está acelerando también todo lo relacionado con la algorítmica y, por supuesto, con la ciberseguridad, que tiene que prepararse para ese escenario.

Si ampliamos el foco, vemos que la tecnología está cada vez más ligada a la geopolítica: quién tiene los datos, quién tiene la energía, quién tiene la capacidad de cómputo. Todo eso está generando tensiones y cambios muy rápidos.

Con ese entorno tan movido, casi de película, Aslan también habrá tenido que adaptarse. ¿Os ha obligado a acelerar o seguís con el mismo ritmo de siempre?

Nosotros ya teníamos una idea bastante clara de hacia dónde queríamos ir. Sabíamos que estos cambios tecnológicos no se pueden abordar solo desde lo público o solo desde lo privado, y por eso llevamos tiempo trabajando en crear un ecosistema que conecte a ambos. Si miras el evento de este año, hay un equilibrio muy claro entre ponentes del sector público y del privado. Eso no es casualidad, es algo que hemos buscado de forma deliberada.

Pero más allá del evento, lo importante es que haya colaboración real. Organizamos encuentros durante todo el año con directores de tecnología de ambos ámbitos y tratamos de que se conozcan, de que compartan experiencias y, si es posible, de que trabajen juntos.

La tecnología, de cara al usuario, cada vez es más sencilla: todo lo queremos a un clic. Pero lo que hay detrás es cada vez más complejo, y eso hace imposible que una sola organización lo pueda abordar por su cuenta. Ahí es donde creemos que tiene sentido que exista una entidad como Aslan, que actúe como punto de encuentro y como tercero de confianza.

Vamos a los números: hablábamos de unos 9.000 asistentes, 135 expositores y 200 ponentes. ¿Son ya cifras definitivas?

Sí, esas cifras están confirmadas. Y, como asociación, seguimos creciendo. Ya somos más de 210 entidades entre fabricantes, proveedores y otras empresas del sector. Teniendo en cuenta el tamaño de la industria tecnológica en España, es una representación bastante amplia.

Nacisteis muy centrados en redes LAN y ahora sois completamente transversales. ¿Eso ha cambiado vuestra dimensión como asociación?

Sí, aunque en realidad ha sido una evolución bastante natural. La red, al final, es lo que conecta todas las tecnologías. A partir de ahí, era lógico que fuéramos incorporando todo lo que se apoya en ella. Eso nos ha llevado a estar hoy presentes en prácticamente todas las áreas: desde puesto de trabajo y ciberseguridad hasta centros de datos, automatización o integradores. Y, además, con empresas muy relevantes en cada categoría. Siempre hemos intentado priorizar la calidad de los participantes por encima de las cifras, y eso sigue siendo así.

¿Os planteáis seguir creciendo en número de socios o no es una obsesión?

Más que crecer por crecer, lo que nos preocupa es que el ecosistema esté bien representado. Hoy en día, los modelos que funcionan son los que consiguen reunir a todos los actores alrededor de un objetivo común y facilitarles una plataforma para colaborar.

Eso es lo que intentamos ser: una plataforma que acelere esa colaboración y ayude a que las soluciones lleguen antes al mercado.

De hecho, nuestra forma de trabajar se basa en algo muy sencillo: primero entender qué viene, luego identificar los retos y, a partir de ahí, ver qué soluciones podemos articular entre todos.

Se percibe que el evento está muy consolidado, incluso con cierto prestigio. ¿Eso puede llevar a dormirse en los laureles o es más bien un estímulo para seguir empujando?

Nosotros lo vemos más como un estímulo. Porque, sinceramente, hay muchísimo por hacer. El ecosistema tecnológico está cambiando muy rápido y tenemos que estar atentos a lo que están haciendo las startups, a las nuevas soluciones que aparecen y a cómo evolucionan las necesidades de las empresas y de la administración.

Además, hay algo que nos trasladaron los propios tecnólogos: ellos tienen cada vez más peso en la estrategia, pero las decisiones finales se toman en los consejos de administración o en el ámbito político. Por eso nos pidieron ayuda para llevar la conversación tecnológica también a esos niveles, y es algo en lo que estamos trabajando.

Sobre las estrategias tecnológicas en España (inteligencia artificial, cuántica, chips), ¿crees que son apuestas reales o hay algo de discurso político?

Yo diría que hay de todo. Hay avances reales y hay voluntad política, eso es evidente. Cada vez se escucha más a la industria y se están definiendo planes con bastante sentido. El problema no está tanto en las ideas como en la ejecución. Para ejecutar hace falta inversión, y ahí es donde encontramos más dificultades, sobre todo en Europa, donde el capital riesgo no está tan desarrollado como en Estados Unidos. Y hay que asumir que innovar implica arriesgar, y que muchas de las grandes innovaciones han sido posibles gracias a una fuerte inversión pública.

Entonces, ¿la inversión que se está haciendo es suficiente?

No, todavía no. Hemos tenido un pico importante con los fondos Next Generation, pero ahora estamos viendo cómo esa inversión se va reduciendo y, sinceramente, aún queda mucho por hacer para completar la transformación.

Se están anunciando nuevos instrumentos, pero todavía tenemos que ver cómo se concretan y, sobre todo, si consiguen movilizar también al capital privado.

Europa se ha posicionado mucho en regulación. ¿Eso es una ventaja o nos deja en desventaja frente a otros bloques?

La regulación tiene su parte positiva porque da seguridad jurídica y reduce riesgos, y eso facilita la innovación. En ese sentido, Europa ha hecho un buen trabajo.

El problema es que regular no basta. También hay que invertir, ejecutar y ganar escala, y ahí es donde seguimos teniendo una asignatura pendiente.

El contexto global (energía, guerra, suministro) está empezando a afectar directamente a la tecnología. ¿Os preocupa?

Sí, y no es una preocupación teórica, es algo que ya estamos viendo. La demanda de componentes se ha disparado por la expansión de los centros de datos y eso ha generado escasez y subidas de precios muy fuertes. Estamos hablando de incrementos de entre un 20% y un 60% en algunos casos. Eso hace que proyectos que estaban previstos dejen de ser viables económicamente y puede afectar seriamente a la competitividad de muchas empresas.

¿Dónde están ahora mismo los principales cuellos de botella?

Por un lado, en los componentes y en su precio. Y por otro, en la energía. En el caso de los centros de datos, se ha invertido mucho en su construcción, pero en algunos casos no pueden operar al máximo porque la red de distribución energética no tiene la capacidad suficiente. Eso nos obliga a repensar cómo planificamos las infraestructuras y cómo aprovechamos mejor los recursos energéticos disponibles.

Con todo este escenario tan volátil, ¿cómo miráis al próximo año?

Con realismo, pero también con cierta confianza. Sabemos que los cambios van a seguir llegando y probablemente más rápido que hasta ahora.

Nuestro enfoque no cambia demasiado: intentar anticipar lo que viene, identificar los retos cuanto antes y, sobre todo, trabajar en colaboración para encontrar soluciones. Porque si algo está claro en este momento es que nadie puede afrontar estos desafíos en solitario.

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