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La tecnología y la economía conductual, el binomio perfecto

Por Juan de Rus, Director de Neovantas Consulting.

Hasta hace aproximadamente una década, todo apuntaba a que las teorías económicas clásicas habían alcanzado tal grado de afianzamiento y aceptación entre los agentes implicados en el funcionamiento de cualquier Economía, que durante mucho tiempo han sido prácticamente incuestionables.

Estos modelos, basados en el concepto del “homo economicus”, asumen los principios de información perfecta (conocimiento objetivo de todas las alternativas posibles), maximización de utilidad (búsqueda del bienestar individual) y racionalidad limitada (toma de la decisión óptima contando con todas las variables), centrándose en alcanzar el que quizás haya sido un excesivo rigor científico, dejando a un lado ese importante componente social que siempre debió caracterizar a la Economía como Ciencia Social de la que se trata.

Si hay algo que es un hecho incuestionable, es que ya no es suficiente con limitarse a ofrecer un producto o un servicio que resulte atractivo; ahora la clave está en saber desarrollar medidas que permitan entender y anticiparse a los gustos y al comportamiento de los consumidores. Precisamente, la economía conductual combinada con la inteligencia artificial, contribuye a perfeccionar los algoritmos existentes haciéndolos más precisos y rigurosos, alcanzando así un equilibrio entre la adopción de un enfoque analítico y la consideración del comportamiento de los individuos.

La Economía Conductual combinada con la inteligencia artificial, contribuye a perfeccionar los algoritmos existentes haciéndolos más precisos y rigurosos

El ejemplo más claro lo tenemos en el mundo de Internet y las redes sociales, en el que el desarrollo de las llamadas ‘burbujas de información’ mediante Web Analytics es una de las consecuencias más tangibles de este fenómeno. Así, cada vez que pulsamos “Me gusta” en Facebook o el corazón en Instagram, estamos dando información de valor sobre nuestros gustos, que servirá para seguir construyendo esa especie de realidad paralela particular en la que permaneceremos, en cierto modo, aislados y rodeados de contenido que resulte de nuestro agrado.

Un claro caso de éxito del que no ha dejado de hablarse últimamente es el protagonizado por el algoritmo de Netflix, gracias al cual no solo se recomienda contenido a los espectadores en función de sus gustos, sino que, además, se consigue diseñar un catálogo personalizado, mediante la selección predeterminada de las miniaturas que aparecen como portada de las distintas series y películas para que resulten más atractivas. Gracias a ello, se estima que el 75% del tiempo que pasamos en Netflix lo hacemos consumiendo contenido directamente recomendado por su algoritmo.

En conclusión, la explotación con herramientas de Analytics de la valiosa información que dejan los consumidores en sus interacciones con las empresas, a través de distintas vías de contacto, ya sean orales o escritas, nos ayuda a detectar patrones de comportamiento que, explicados con principios de Economía Conductual, resultan de gran utilidad a la hora de predecir qué clientes tienen más probabilidad de abandonar una compañía o de cometer un fraude, revelar alarmas de insatisfacción, identificar oportunidades comerciales en base a las tendencias del mercado o distinguir perfiles de consumidores.

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