OpiniónMovilidad

PUNTO TIC: Vivir sin móvil es posible

Yo me pregunto cómo Sebastián El Cano dio la vuelta al mundo, o cómo Alejandro Magno llegó a crear tan magnífico imperio, sin ningún tipo de tarifas mensuales.

Un día me desperté, (estaba en Miami en un congreso alejado del mundanal ruido), y el mundo se desplomó; el juicio final parecía cerca, y todos mis chacras se desparramaron. Sentí cómo el suelo se derrumbaba a mis pies, mi zona de confort se fue al carajo…

No, señores, no es que hubiera llegado la tercera guerra mundial, ni que el covid hubiera alcanzado ese porcentaje alarmante y letal, ni que Pegasus espiara al mundo entero, ni que la inflación hubiera alcanzado los tres dígitos… Mucho peor que si mi mejor amigo me hubiera traicionado, o que mi mujer me diera un ultimátum separatista… No, amigos, lo que sucedió es que mi móvil falleció sin previo aviso. Mi móvil, mi compañero, la prolongación de mi vida y de mis sueños, murió de muerte natural… tal vez de tantos excesos y cargas y recargas de batería. Y de pronto el vacío se apoderó de mi existencia.

Quién te va a donar un bizum si no tienes cómo recibir una limosna virtual

Cómo coger un uber en EEUU, cómo pagar una consumición, cómo acceder a tu correo o poder refugiarte en Netflix o iVoox.  Mutilado y dependiente, tuve que entregarme al altruismo de mis colegas periodistas solidarios. En este mundo que ha glorificado la digitalización, no puedes ni ser pobre.

Quién te va a donar un bizum si no tienes cómo recibir una limosna virtual o en modo de crowfounding. No tener móvil, hoy por hoy, es como avanzar por un acantilado, el vértigo se apodera de ti, te sientes inútil, no sabes ni llegar a un restaurante de tu ciudad y no hablemos de gestiones burocráticas.

Y yo me pregunto cómo Sebastián El Cano dio la vuelta al mundo, o cómo Alejandro Magno llegó a crear tan magnífico imperio, sin ningún tipo de tarifas mensuales. No entiendo cómo era posible que todo funcionara y fluyera, sin el permiso de los hiperescalares de moda. Llevo ya diez días sin teléfono y empiezo a sentir que es posible la vida sin esa smart-dependencia, pero es inútil luchar contra una corriente tan poderosa que te dice que estás fuera de juego, que no eres nadie sin tu móvil, que estás viviendo al margen. He decidido comprar un nuevo móvil, y ya me estoy reconciliando con el mundo.

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