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Tres prioridades en la transformación digital de las empresas

Adolfo Ramírez, asesor en transformación digital e innovación, impulsor de la Generación Silver y autor de Digitalízate o Desaparece.

Cuando hablamos de tendencia en la transformación digital de las empresas nos estamos refiriendo a aquellas iniciativas o proyectos que, o bien ya se han desarrollado con éxito en algunas empresas o sencillamente son ideas o corrientes que han sido identificadas como tales por consultoras especializadas.

Conocer las tendencias es necesario, de hecho, me atrevería a decir que imprescindible pues sin ellas las posibilidades de competir con éxito en esta nueva economía son muy limitadas.

En este sentido, algunas de estas tendencias se han convertido en claras prioridades en las que las nuevas tecnologías, quizás ya no tan nuevas, juegan un papel decisivo en su desarrollo.

En base a esta realidad, hoy se identifican y se consolidan como esenciales, en cualquier proceso de transformación en esta era digital, las siguientes tres prioridades:

Estrategia y oferta de valor centrada en el cliente

Sí, otra vez, porque en el momento que la estrategia y la oferta de valor centrada en el cliente dejen de ser una prioridad, la compañía habrá perdido el rumbo.

Es crítico incorporarlo en la estrategia, pero quizás es mucho más importante llevarla a cabo en la actividad cotidiana de la compañía, tanto por parte de las personas que tienen relación con los clientes, como por las que desarrollan la oferta de valor.

Esta muy bien decirlo, todas las compañías lo dicen ¡faltaría más!, pero la gran diferencia está en que unas lo hacen y otras no.

La personalización, que tiene como objetivo que los clientes se sientan especiales en su trato con las marcas, se ha convertido en el gran reto de estas. Un ámbito en el que, además, la gestión inteligente de los datos adquiere su máximo protagonismo.

Evolucionar el modelo de gestión de personas

Es innegable que uno de los cambios más significativos que ha producido la COVID-19 en el ámbito empresarial es el cambio en las expectativas de los empleados de las compañías. Sobre todo, en cuanto a los modelos de trabajo pues muchas organizaciones se han visto obligadas a ofrecer modelos híbridos, en los que la tecnología y la flexibilidad juegan un papel decisivo.

Así, las empresas que se limiten simplemente a hacer ajustes en sus procesos de gestión de personas se equivocarán ya que hablamos de un cambio de modelo.

La atracción, gestión y retención del talento entra en una nueva dimensión y si la gestión de personas siempre es una prioridad, en los procesos de cambio como los actuales, las tareas no pueden limitarse a definir planes de formación y ajustar el presupuesto del variable.

No nos olvidemos que, en estos procesos de transformación, la tecnología es necesaria, pero somos las personas las que realmente generamos los cambios.

Si nos olvidamos de las personas, nos podemos olvidar de la transformación.

Considerar los datos como un activo estratégico

Incuestionablemente la accesibilidad a los datos en la era digital ya ha permitido a las empresas tener un mayor conocimiento de sus mercados y clientes, y, a la vez, tomar mejores decisiones.

Algunas características de las organizaciones que sitúan el dato como un activo estratégico son:

  • Las decisiones se sustentan en datos
  • Los números se hacen públicos. Se democratizan los datos
  • Se automatiza la gestión de los datos
  • Se promueven las capacidades para la gestión inteligente de la información
  • Se fomenta la calidad, la integridad y el análisis de los datos
  • La identificación de casos de uso se convierte en un valor de la compañía.

Creer que se tiene información suficiente del negocio y de los clientes y gestionar los datos como históricamente se viene realizando, por muy bien que se hiciera, hoy, con toda la información y tecnología disponible, es un error de gran impacto en la gestión y los resultados.

Por lo que, avanzar hacia el denominado “data driven”, es una clara prioridad a considerar en la estrategia.

Por lo tanto, clientes, personas y conocimiento (datos), son las tres prioridades imprescindibles en el desarrollo de cualquier proceso de transformación. Y, deben, además, de ir acompañadas de dos aliados incuestionables: la tecnología y la ejecución.

La aplicación inteligente (e intensiva) de las nuevas tecnologías nos permite obtener ventajas competitivas, tanto en la experiencia de los clientes como en eficiencia.

Por su parte, la ejecución es el único camino, para llevar a la práctica todas las ideas y la estrategia. Un dato conocido, pero que sigue inamovible: el 70% de los fracasos en los proyectos de cambio son consecuencia de una mala ejecución de estos, ¿los motivos? Escaso liderazgo, falta de planificación y anarquía en el seguimiento.

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