OPINIÓN

De la visión retrospectiva a la estrategia: el nuevo rol financiero frente a la IA y el ESG


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El director financiero -cuya labor tradicionalmente se ha basado en el rigor, el control y la prudencia- está ampliando su visión para centrarse en la previsión

Publicado el 8 sept 2026

Josep María Raventós

Director de la Unidad de Negocio Mid-Market de Cegid en España



Josep Maria Raventós Cegid
Josep Maria Raventós, Cegid.



Durante años, el foco del departamento financiero se ha centrado en analizar el pasado: cerrar el mes, cuadrar las cuentas y explicar lo que ya había sucedido.

Un ejercicio indispensable, desde luego, pero que hoy resulta a todas luces insuficiente para navegar por un entorno que cambia a una velocidad de vértigo. El enfoque puramente retrospectivo se ha quedado corto. No porque el dato histórico deje de ser relevante, sino porque la realidad empresarial exige una habilidad mucho más compleja: la anticipación. Ahí es donde se está fraguando un cambio de paradigma.

El director financiero -cuya labor tradicionalmente se ha basado en el rigor, el control y la prudencia- está ampliando su visión para centrarse en la previsión.

La integración de la inteligencia artificial en la gestión está siendo el gran acelerador de esta transformación. Más allá de automatizar tareas rutinarias para ahorrar tiempo, el verdadero salto es la capacidad de interpretar señales del mercado en tiempo real, detectar desviaciones antes de que impacten en la cuenta de resultados y simular escenarios con una precisión antes reservada a las grandes multinacionales. Las finanzas han pasado de justificar el pasado a diseñar el futuro.

Esta evolución no es teórica; responde a pura necesidad. El terreno de juego de 2026 es inestable: lidiamos con una inflación enquistada, tipos de interés estabilizados en torno al 2% por el BCE, crecimiento moderado y una fuerte aversión al riesgo. En este escenario macroeconómico, pretender guiarse por un presupuesto anual estático es poco realista.

Datos y rentabilidad

Las compañías están obligadas a revisar sus previsiones constantemente. Recalcular y comprender al instante qué ocurre si los costes logísticos se disparan, si la demanda cae de golpe o si un cliente clave retrasa sus pagos. La liquidez ha dejado de ser un indicador secundario para recuperar su posición fundamental en el cuadro de mando.

Este cambio también afecta a cómo medimos el éxito de la propia empresa. Durante mucho tiempo, las limitaciones analíticas generaban falta de visibilidad: negocios que sobre el papel deslumbran, pero que al analizarlos en detalle esconden debilidades estructurales. Productos con márgenes brutos atractivos que están, en realidad, penalizados por costes indirectos mal imputados. Proyectos de gran volumen, pero que aportan un bajo valor real.

Con unos márgenes empresariales que hoy en muchos sectores apenas oscilan entre el 3% y el 7%, estos puntos ciegos son críticos. La diferencia entre ganar o perder dinero reside en detalles analíticos que antes podían pasar desapercibidos. Aquí, la tecnología juega un papel fundamental para cruzar las variables correctas, aportar total transparencia a los datos y mostrar una radiografía exacta de la rentabilidad real.

Paralelamente, hay otro frente que exige atención inmediata: la sostenibilidad ha dejado de ser una campaña de relaciones públicas. Hoy, el ESG condiciona si un banco facilita financiación o si puedes entrar en la cadena de suministro de un gran cliente.

Con la directiva CSRD europea en vigor, las empresas deben reportar cientos de indicadores de impacto ambiental y social que tienen que ser totalmente trazables y auditables. Intentar gestionar este volumen regulatorio sin una base tecnológica avanzada supone un riesgo organizativo inasumible.

En definitiva, lo que estamos presenciando es una redefinición total del control empresarial. El ERP evoluciona desde su función de registro operativo para erigirse como un núcleo estratégico que conecta información y fundamenta decisiones críticas.

La empresa actual ya no tiene margen para gestionarse basándose únicamente en la intuición. La veteranía y la experiencia siguen teniendo un valor incalculable, pero la complejidad del entorno actual exige apoyarse en herramientas de análisis avanzado.

La verdadera ventaja competitiva pertenece a quien interpreta las señales antes que el resto. A quien tiene la vista puesta en lo que viene, no solo en lo que fue. Y para lograrlo, es imprescindible actualizar la perspectiva tecnológica; de lo contrario, se perderá capacidad de reacción ante los retos del futuro.

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