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El mayor riesgo de una empresa puede estar donde menos se espera


Dirección copiada

Hoy trabajamos desde casa, compartimos información desde múltiples dispositivos y accedemos a aplicaciones alojadas en la nube: el perímetro ha desaparecido y, con él, también debería desaparecer la confianza automática

Publicado el 14 oct 2026

Ricardo Ribeiro

Product Manager SMB en Brother Iberia



Riesgo
Ricardo Ribeiro, Product Manager SMB en Brother Iberia.



Durante años hemos entendido la ciberseguridad como una cuestión de fronteras; bastaba con levantar un buen muro alrededor de la red corporativa, instalar un cortafuegos potente y confiar en que todo lo que ocurría dentro de ese perímetro era, por definición, seguro. Sin embargo, esa forma de entender la protección de los sistemas ha dejado de responder a la realidad. Hoy trabajamos desde casa, compartimos información desde múltiples dispositivos y accedemos a aplicaciones alojadas en la nube: el perímetro ha desaparecido y, con él, también debería desaparecer la confianza automática.

Creo que ahí reside uno de los mayores cambios que está viviendo la ciberseguridad. Lo que debemos plantearnos ya no es tanto desde dónde se conecta un usuario, más bien quién es en realidad, qué necesita hacer y si debe seguir teniendo permiso para hacerlo en cada momento. La confianza deja paso a la verificación continua, un cambio de mentalidad que obliga a revisar muchas prácticas que, durante años, hemos dado por válidas.

Uno de los errores más habituales consiste en pensar que los riesgos se concentran únicamente en los ordenadores o en los servidores. Sin embargo, cualquier dispositivo conectado a la red puede convertirse en una puerta de entrada si no recibe la atención adecuada. Es fácil invertir en soluciones avanzadas para proteger los equipos principales y, al mismo tiempo, olvidar otros elementos que permanecen encendidos las veinticuatro horas, almacenan información y se comunican constantemente con el resto de la infraestructura, como ocurre, por ejemplo, con impresoras y escáneres, unos dispositivos que millones de personas tienen en sus casas y oficinas y que siempre deben contar con la máxima protección para evitar riesgos innecesarios que, en muchos casos, pueden tener graves consecuencias en la seguridad. En estos casos, por ejemplo, es indispensable contar con una protección de triple capa a nivel de red, impresoras y documentos.

Más allá del ordenador

Precisamente por eso resulta tan importante dejar de clasificar los dispositivos entre críticos y secundarios. Muchos de los equipos que tradicionalmente han pasado desapercibidos cuentan hoy con sistemas operativos, capacidad de procesamiento y almacenamiento de datos, y si no se actualizan, mantienen configuraciones de fábrica o disponen de servicios activos innecesarios que pueden convertirse en el eslabón más débil de toda la organización.

No se trata de caer en el alarmismo, más bien de asumir que un atacante buscará siempre el camino más sencillo; en muchas ocasiones no intentará vulnerar el sistema mejor protegido y lo que hará es localizar aquel dispositivo al que nadie presta atención, como una impresora conectada. Una vez dentro, el objetivo será desplazarse por la red hasta alcanzar la información realmente valiosa. Precisamente por ello, evitar ese movimiento lateral se ha convertido en una prioridad para cualquier estrategia de seguridad moderna.

Otro aspecto es limitar los permisos, que adquiere una importancia decisiva. Durante demasiado tiempo hemos trabajado con autorizaciones excesivamente amplias por comodidad o por desconocimiento. Sin embargo, conceder a cada usuario únicamente los accesos imprescindibles para desempeñar su trabajo reducen, considerablemente, la superficie de exposición, y esa misma lógica debe aplicarse también a los propios dispositivos, restringiendo las comunicaciones a lo estrictamente necesario y eliminando funciones que no aportan valor.

La seguridad también está en los pequeños detalles

Otro aspecto que suele pasar inadvertido es la protección de la información durante todo su recorrido. No basta con asegurar el lugar en el que se almacena un documento; también es imprescindible garantizar que viaje cifrado, que sólo pueda acceder a él quien corresponda y que no permanezcan copias innecesarias una vez completado el proceso. La seguridad ya no depende únicamente de impedir un acceso no autorizado, depende también de controlar qué ocurre con la información en cada una de sus etapas.

A ello se suma un elemento que considero cada vez más relevante: la capacidad de observar lo que sucede en tiempo real: detectar comportamientos anómalos, identificar accesos fuera de lo habitual o descubrir cambios inesperados en la configuración permite actuar antes de que un incidente termine convirtiéndose en un problema de mayor alcance. En ciberseguridad, disponer de visibilidad es casi tan importante como contar con mecanismos de protección.

Todo ello, sin embargo, pierde eficacia si antes no se aborda una tarea mucho más sencilla y, paradójicamente, una de las más olvidadas: conocer exactamente qué equipos están conectados a la red, mantenerlos actualizados y eliminar configuraciones inseguras heredadas, incluyendo dispositivos olvidados, como impresoras o escáneres. La mayoría de las organizaciones puede mejorar significativamente su nivel de protección actuando sobre estos aspectos básicos, antes incluso de plantearse inversiones más complejas.

El verdadero avance no consiste en incorporar más tecnología, consiste en adoptar una forma diferente de entender la confianza dentro de las organizaciones. Porque la ciberseguridad ya no depende de construir un muro cada vez más alto alrededor de la empresa; lo que realmente hay que hacer es verificar cada acceso, cada dispositivo y cada interacción. Únicamente así podremos asumir que, en muchas ocasiones, el mayor riesgo de una empresa puede estar, precisamente, donde menos lo espera.

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