OpiniónSeguridad

PUNTO TIC: Todo por la Paz

La tecnología nos acerca tanto a la guerra, que podemos casi sentir en la piel sus devastadores efectos.

Leer las noticias es asomarte al infierno. Un infierno que se aproxima hacia nosotros, como un simulacro de juicio final que ha perdido el juicio. Es muy duro, no estamos asistiendo a una película de sello Hollywood, de mercenarios que gastan pólvora de fogueo y subliman la muerte ficticia. Asistimos al apocalipsis de un país que están arrasando en nombre de desatinados principios y oscuros intereses, que hoy pensábamos habían pasado a mejor vida, tras sufrir los rigores de las dos grandes guerras mundiales. La tecnología y las comunicaciones hacen que estemos tan cerca de las víctimas, y que sintamos la impotencia de meros espectadores que se aferran a una seguridad que ya no parece tal, mientras que las víctimas asumen su sino cruel que los lleva al abismo o a una salvación solidaria.

Europa trata de salir de su estupor, haciendo virtud de su fuerza unitaria, pero con el estigma de haber dejado crecer al monstruo

Uno tiembla con solo pensar en la larga sombra de las cabezas nucleares que apuntan con su frialdad implacable.  Europa trata de salir de su estupor, haciendo virtud de su fuerza unitaria, pero con el estigma de haber dejado crecer al monstruo. Todo el mundo está descolocado, tratando de ocupar una casilla en un tablero que no deja de moverse. Todos perdemos y la esperanza se ha regresado a la caja de Pandora, mientras los siete males del mundo campean a sus anchas. Creíamos que la digitalización y el cloud nos componían un mundo feliz, ajeno a las desgracias y a los seres sin escrúpulos.

Creíamos que el futuro estaba en manos de la buena voluntad de la inteligencia artificial y el metaverso, pero olvidamos que el diablo siempre anda enredando y a la sombra la traición persigue frustrar los sueños. Pido perdón, pero en estos momentos me siento profundamente pesimista, la tecnología por sí sola no es nada; la humanidad necesita rescatarse a sí misma, pero los que nos han secuestrado la esperanza nos tienen atrapados en la inoperancia.

Quisiera despertar y aliviarme de que todo era una pesadilla, de un loco virus que nos entró por los ordenadores y se marchó con viento fresco, y que los edificios de Kiev y Jarkov siguen en pie, y que no hay niños con sus ositos de peluches huyendo hacia ninguna parte. Quisiera despertar y poder gritar, con Gironella: ha estallado la paz.

Computing 815