OPINIÓN

Impacto de la IA en las empresas, el CIO y la sociedad



Dirección copiada

La tecnología permite la innovación, y la IA es vista por el CEO como una oportunidad para innovar y hacer la empresa más rentable

Publicado el 26 ene 2026

Fernando Vegas-Fernández

CIO – Director de Riesgos e Investigador



Recurso

La inteligencia artificial (IA) se ha conformado como un paradigma de cambio. Las empresas la contemplan como un catalizador de renovación y mejora de su eficiencia, y las personas empiezan a no poder vivir sin ella.

Sin embargo, empresas y personas parecen ajenas a que la IA no haya logrado superar el test de inteligencia de Turing, lo cual pone en entredicho el calificativo de ‘inteligente’ aplicado a esta nueva tecnología, y hace pensar en si el hecho de que las personas seamos cada vez menos inteligentes, fenómeno denominado ‘efecto Flynn negativo’  en alusión a la predicción de crecimiento del investigador James Robert Flynn, está en la raíz de la valoración tan desmedida de ‘inteligente’ aplicada a una tecnología que poco tiene que ver con las ideas iniciales de inteligencia artificial propuestas por los matemáticos Alan Turing y John McCarthy en la década de 1950.

Indudablemente, la IA ha introducido un cambio disruptivo y no parece que vaya a desaparecer; pero, sin embargo, la falta de concordancia de su realidad con las expectativas puede ser la razón de que la burbuja de la IA se pueda desinflar en un futuro inmediato, como predice Gartner en un informe reciente, disminuyendo su presencia a la espera de retomar un crecimiento más razonable.

Surge, con toda razón, la duda de si no será esta una visión infundadamente pesimista.

Personalmente, me gusta la tecnología, la utilizo exhaustivamente y la conozco, pero sufro sus fallos y me aterra la idea de depender de ella, porque, en definitiva, está concebida y producida por personas que tienen fuertes limitaciones presupuestarias, intelectuales y motivacionales, y esto causa que la tecnología tenga numerosas limitaciones e imperfecciones, y recomienda su control.

Estos fallos son frecuentes, y todos hemos experimentado pantallas azules, ‘cuelgues’ del sistema operativo, innumerables errores en las Apps (‘Oops…’) y hasta problemas con el software de los coches. No podemos prescindir de la tecnología, pero de ahí a considerarla infalible y ponernos en sus manos, hay un largo trecho que no es prudente recorrer.

Los riesgos de la IA

La tecnología permite la innovación, y la IA es vista por el CEO como una oportunidad para innovar y hacer la empresa más rentable. Pero toda oportunidad conlleva riesgos, y la IA los tiene, y muchos.

Un reciente estudio describe hasta 52 riesgos de la IA , siendo los cinco mayores su uso malicioso para cometer delitos, la falta de comprensión, las falsificaciones engañosas, la discriminación y el exceso de confianza en su uso, con impactos superiores a 50 sobre 100 y probabilidades superiores al 70%.

Para las empresas, sin embargo, hay un riesgo más inmediato: la falta de rentabilidad.

Un reciente estudio publicado por el MIT indica que el 95% de los proyectos de IA realizados no han generado valor para las empresas, y que la gran mayoría de los pilotos de IA no llega a entrar en producción, lo cual es una clara llamada de atención a los consejos de administración, que serán más cautos en lo sucesivo.

La IA es vista como una oportunidad para innovar por parte del CEO, pero toda oportunidad conlleva riesgos, y la IA los tiene, y muchos

Para el CIO, esta situación es una mala noticia porque indica que, ante la presión a la que lo somete el CEO pidiéndole que implante la IA con proyectos que generen valor, tiene pocas probabilidades de éxito. No obstante, todo riesgo incluye una oportunidad, y el CIO que consiga triunfar saldrá reforzado y logrará reconocimiento y promoción.

La cuestión primordial parece ser la racionalidad en la consideración de las tecnologías para hacer un uso eficiente al margen de las modas, lo cual es un reto para el CIO, quien a veces es demasiado tecnólogo y pierde la visión de conjunto.

La tecnología informática es un mar de confusión en el que la IA pasa a engrosar la colección de acrónimos previos, en su día exitosos y dominantes, como ERP, CRM, BI, BIM, RPA, SCM, HRSM, VMS, CMS, IoT, Agile, etc.

Un CEO veterano ha vivido las fases tecnológicas de ‘Informatización’ en los años 80 para introducir la informática en las empresas, de ‘Implantación de sistemas’ en los 90 para informatizar los procesos administrativos, de ‘Digitalización’ en la década del 2000 para lograr la oficina sin papeles, y de ‘Digitalización’ en la década de 2010, el mismo nombre pero, ahora, refiriéndose a la automatización de procesos; y no podrá evitar preguntarse qué valor ha conseguido con esas inversiones y si, de verdad, ha logrado mejorar los procesos o si sigue haciendo lo mismo, pero de otra manera.

El éxito de las implantaciones de IA dependerá de definir una gobernanza ética y de sintonizar la capacidad técnica con la visión estratégica para hacer un uso de la IA inteligente y responsable

En este sentido, las primeras implantaciones de la IA no están, en general, creando oportunidades ni modificando los procesos internos, sino que las empresas están implantando agentes de IA generativa -lo cual puede llegar a mejorar drásticamente eficiencias concretas, pero sin crear verdadero valor-, e introduciendo el importante riesgo de la confidencialidad de los datos.

En la década de los 70, en los albores de la informática, se acuñó la frase ‘garbage in, garbage out’ aludiendo a que el proceso de datos incorrectos conducía a resultados incorrectos, lo cual era una duda adicional a la fiabilidad de los programas informáticos en sí mismos.

La IA eleva al máximo esta duda a la vista de la incertidumbre relativa a los datos utilizados para entrenar sus algoritmos, en cuanto a cantidad y representatividad, y a la programación de estos cuya garantía de calidad y fiabilidad no es auditable ni constatable.

La IA es, indudablemente, una gran oportunidad basada en su gran potencialidad, pero la sensatez y la prudencia recomiendan contrastar sus resultados antes de aceptarlos indiscriminadamente, tal y como los propios agentes de IA recomiendan. La IA no puede sustituir la inteligencia de los humanos, que son los que la han creado, pero sí puede ser una magnífica ayuda.

El éxito de las implantaciones de IA dependerá de la futura mejora de sus algoritmos, definiendo una gobernanza ética que preserve los derechos individuales y empresariales

El éxito de las implantaciones de IA dependerá de la futura mejora de sus algoritmos, en especial de su capacidad de comprensión, hasta alcanzar niveles de fiabilidad, y de la capacidad de las organizaciones y de la sociedad para aprender de los errores del pasado, estableciendo medidas de mitigación y control, definiendo una gobernanza ética que preserve los derechos individuales y empresariales, y sintonizando la capacidad técnica con la visión estratégica para hacer un uso de la IA inteligente y responsable.

Artículos relacionados