OPINIÓN

Entre la IA y lo cuántico: guía para priorizar la inversión en 2026



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La sostenibilidad y el Green IT se consolidarán como ejes estratégicos, estrechamente vinculados a la inteligencia artificial.

Publicado el 10 feb 2026

Antonio Peñalver

Director General de Sopra Steria España



Toni 1

El año que dejamos atrás ha sido, sin duda, el de la exploración y experimentación en inteligencia artificial (IA). Hemos asistido a una auténtica explosión de pruebas de concepto y proyectos piloto que han permitido abordar múltiples ámbitos y abrir nuevas posibilidades. Sin embargo, todavía no ha sido el año de la industrialización ni de la consolidación de casos de uso a gran escala.

Todo apunta a que 2026 marcará el inicio de la fase de generalización y escalado de los proyectos ya iniciados, con un protagonismo creciente de los agentes de IA, que ya despuntaron como uno de los elementos más transformadores y seguirán ganando relevancia en los próximos meses.

En paralelo, la sostenibilidad y el Green IT se consolidarán como ejes estratégicos, estrechamente vinculados a la inteligencia artificial. No habrá conversación sobre sostenibilidad sin IA, ni sobre IA sin tener en cuenta su impacto ambiental y energético.
Por último, emerge un tercer elemento a considerar: la computación cuántica, que abrirá un nuevo capítulo en la evolución tecnológica.

Del POC al escalado

Las empresas de consultoría como Sopra Steria se focalizarán principalmente en la aplicación de IA, en concreto, de los Sistemas Multiagente (SMA), al ciclo de vida del desarrollo del software con el objetivo de ayudar a sus clientes a definir modelos más completos y eficientes que funcionen como un todo, sin limitarse a las IA de uso general o específico.

Esto será aplicable en todos los sectores. Por ejemplo, en el ámbito de la sanidad, un robot podría encargarse de realizar análisis clínicos, mientras otro monitoriza los valores considerados normales de salud y un tercero identifica cómo serían los parámetros asociados a determinadas enfermedades. Estos avances han comenzado a desarrollarse a finales del año pasado y, durante este, deberían convertirse en una de las principales áreas de inversión para las empresas que quieran aprovechar todo el potencial de esta tecnología.

De este modo, lo que a lo largo de 2025 fueron proyectos iniciales, escalará hasta convertirse en elementos centrales del negocio y la IA estará presente en todas las patas, aportando su inteligencia.

Todo apunta a que 2026 marcará el inicio de la fase de generalización y escalado de los proyectos ya iniciados, con un protagonismo creciente de los agentes de IA

Por otro lado, la normativa y obligaciones de cumplimiento han impulsado todo lo relacionado con la sostenibilidad y la responsabilidad corporativa. De hecho, es uno de los temas más recurrentes en los foros de consultoría. A nivel tecnológico, esto se traduce en Green IT, es decir, garantizar que cualquier desarrollo (modelos de LLM, de análisis, la elección de algoritmos, etc.), se realice minimizando el consumo energético y, al mismo tiempo, optimizando las capacidades de las herramientas construidas. Además, este enfoque incluye la necesidad de garantizar un adecuado gobierno del dato, aspecto que seguirá ganando importancia al encontrarse contemplado en casi cualquier proyecto tecnológico.

Por último, la computación cuántica ha ido ganando terreno a lo largo de 2025, aunque es probable que haya que esperar para ver proyectos de gran envergadura y que aún nos encontremos en una fase de expectativas infladas. No obstante, las pruebas de concepto y proyectos piloto, especialmente en ámbitos como la criptociberseguridad, la encriptación avanzada y el desarrollo de arquitecturas basadas en GPU y CPU cuánticas, empezarán a dar sus primeros pasos, aunque todavía de forma tímida y expectante.

Sin embargo, la búsqueda de un ROI inmediato puede llegar a frenar las inversiones más estratégicas y a largo plazo, lo que supondrá un reto en el futuro. Las empresas deberán ser capaces de equilibrar los resultados a corto plazo con la construcción de capacidades que garanticen su competitividad a lo largo del tiempo. La clave estará en combinar innovación con sostenibilidad, escalabilidad y seguridad, apostando por tecnologías que no solo transformen procesos, sino que refuercen la resiliencia del negocio.

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