opinión

Del CPD tradicional al CPD resiliente



Dirección copiada

Las nuevas cargas asociadas a IA, HPC, Edge o servicios digitales críticos están llevando al límite a muchas infraestructuras basadas en CPD que no han sido pensados para el contexto actual

Publicado el 27 feb 2026

Jaume Márquez

Data Center Business Director Omega Peripherals



CPD

Durante años, los centros de datos se han diseñado para soportar entornos con cargas razonablemente estables, densidades contenidas y subsistemas -energía, refrigeración, monitorización- que se abordaban de manera independiente. La realidad ahora es otra y ese modelo ya no sirve.

Las nuevas cargas asociadas a IA, HPC, Edge o servicios digitales críticos están llevando al límite a muchas infraestructuras basadas en CPD que no han sido pensados para el contexto actual. Estas infraestructuras han funcionado correctamente durante un tiempo, pero ahora comienzan a mostrar ciertos signos de fatiga.

Todo parece funcionar, pero ya no sobra nada

Es una situación bastante habitual: el CPD no falla, pero empieza a quedarse sin margen; el SAI sigue cumpliendo, pero con menor capacidad de reserva de la deseada; la refrigeración enfría, pero surgen zonas calientes difíciles de justificar; el consumo crece sin una razón clara… No suelen ser problemas graves, pero sí señales que apuntan a que el modelo comienza a estar limitado.

En este escenario, el denominador común suele ser una falta de visión global. Cada sistema funciona, pero no siempre se entiende cómo afecta al resto.

Resiliencia: algo más que esquemas N+1

Hasta ahora se ha venido asociando resiliencia a redundancia: N+1, 2N, dobles acometidas, dobles caminos… Esto sigue siendo necesario, pero ya no es suficiente.

Un CPD resiliente no es solo el que resiste una incidencia, sino el que se adapta sin sobresaltos. La resiliencia real tiene más que ver con entender cómo se comporta el CPD en el día a día, saber qué está cambiando y por qué, y disponer de margen de maniobra antes de que los problemas aparezcan. Para alcanzar esa resiliencia, energía, refrigeración y monitorización tienen que empezar a hablar el mismo idioma.

Un CPD resiliente no es solo el que resiste una incidencia, sino el que se adapta sin sobresaltos

Energía: de elemento pasivo a variable crítica

La energía siempre ha sido la base del CPD, pero su papel ha cambiado. Ya no basta con garantizar continuidad ante un corte de red. Ahora entran en juego picos de consumo muy agresivos, cargas muy variables y escenarios que hace unos años no entraban en los cálculos.

Para que la energía deje de ser un riesgo latente y se convierta en una herramienta de gestión, es necesario monitorizarla e integrarla en la operación. De esta forma, ya no basta con saber si se dispone de la energía suficiente, sino que también hay que averiguar dónde se está consumiendo realmente, qué cargas están creciendo más rápido o qué margen queda antes de tener que actuar.

Refrigeración: de problema a oportunidad

Si hay un área donde el cambio es evidente, es la refrigeración. Muchos CPD han funcionado durante años con aire sin mayores complicaciones. Hoy, con densidades crecientes, ese enfoque empieza a mostrar claramente sus límites.

Contención, soluciones in-row, rear door o refrigeración líquida directa al chip, ya forman parte del día a día. El reto no está tanto en la tecnología concreta, sino en cómo se introduce sobre infraestructuras existentes y cómo se ajusta a la carga real.

Aquí es donde se ve claramente que, sin una buena integración de energía y monitorización, cualquier mejora puede quedarse corta o acabar sobredimensionada.

Monitorización: entender antes que reaccionar

Tradicionalmente, monitorizar se equiparaba a “ver alarmas”. Hoy eso se queda muy corto. En estos momentos, la monitorización es el elemento que permite entender el CPD como un sistema vivo.

Cuando está bien planteada, la monitorización permite percibir tendencias antes de que se conviertan en incidencias; ayuda a relacionar consumo, temperatura y carga IT; facilita decisiones basadas en datos, no en suposiciones, y reduce la dependencia de actuaciones reactivas.

No se trata de llenar el CPD de sensores, sino de medir lo que realmente aporta valor y saber interpretar esa información.

Modernizar sin parar: el reto que nadie puede esquivar

Todo lo anterior cobra aún más importancia cuando hablamos de CPD en producción, ya que en la mayoría de los casos no es posible detener una infraestructura crítica para proceder a su modernización. Y aquí es donde aparece uno de los grandes retos del mercado actual: cómo evolucionar sin interrumpir la operación.

La modernización silenciosa se ha convertido en la vía más habitual:

  • Mejoras eléctricas ejecutadas por fases.
  • Introducción progresiva de contención.
  • Monitorización avanzada sobre infraestructuras existentes.
  • Cambios planificados con conocimiento profundo del entorno.

Este tipo de proyectos no admite improvisaciones. Requieren experiencia, planificación y una visión clara de cómo interactúan todos los sistemas.

Integrar con sentido, no acumular tecnología

En este contexto, el valor ya no está en añadir más tecnología, sino en integrarla con criterio operativo. Buen diseño, ejecución cuidadosa, operación informada y mejora continua son factores clave a la hora de dotar al CPD de la resiliencia necesaria para poder afrontar las exigencias de una nueva era, en la que las cargas llegan rápido, consumen más y son más exigentes.

A los responsables de CPD ya no les preocupa si su infraestructura funciona, sino si está preparada para el futuro, y por ello tienen cada vez más en cuenta a los integradores que disponen de las capacidades necesarias para entender el CPD en su conjunto y acompañar su evolución en el tiempo.

Integrar energía, refrigeración y monitorización ya no es una mejora técnica puntual; es una decisión estratégica que marca la diferencia entre reaccionar a los problemas o anticiparse a ellos. Y en un entorno en el que la continuidad es crítica, anticiparse siempre será la mejor forma de resiliencia.

Artículos relacionados