El tejido empresarial español parece vivir una contradicción en materia de ciberseguridad. Mientras las empresas nacionales reportan menos incidentes que sus homólogas europeas, su nivel de preparación para afrontar una crisis digital sigue siendo uno de los más bajos del continente.
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Resiliencia operativa en 2026
Así lo refleja el informe Resiliencia Operativa en 2026, elaborado por ManageEngine, que analiza la capacidad de las organizaciones para anticiparse, resistir, responder y recuperarse ante ciberataques. El estudio, realizado entre 1.500 responsables de negocio y tecnología de cinco países europeos, apunta a una realidad preocupante: “muchas compañías españolas continúan gestionando la ciberseguridad desde una perspectiva reactiva”.
La principal señal de alarma está en la falta de métricas y metodologías. Apenas el 35% de las organizaciones españolas asegura disponer de un marco formal para evaluar su nivel de ciberresiliencia, frente a una media europea del 56%. En la práctica, esto significa que casi siete de cada diez empresas operan sin herramientas estructuradas para medir su capacidad de recuperación ante una crisis.
«El dato más relevante no es solo cuántas empresas han sufrido un ciberincidente, sino cuántas están realmente preparadas para responder, aprender y reforzar sus operaciones», señala Andrés Mendoza, director técnico de ManageEngine para el sur de Europa y Latinoamérica.
Menos ataques no significa mayor seguridad
A primera vista, los datos podrían parecer positivos. Solo el 47% de las organizaciones españolas afirma haber sufrido un incidente de ciberseguridad en los últimos doce meses, muy por debajo de la media europea, situada en el 66%.
Sin embargo, los responsables del estudio advierten de que una menor exposición a incidentes no debe interpretarse automáticamente como una mayor madurez en seguridad. De hecho, varios indicadores muestran importantes debilidades estructurales.
Aunque solo el 47% de las organizaciones españolas sufrió un ciberincidente durante el último año, el 65% carece de una metodología formal para medir su ciberresiliencia y el 17% ni siquiera dispone de una estrategia de respaldo para afrontar desastres
Uno de ellos es la ausencia de objetivos definidos para la detección y respuesta ante amenazas. El 25% de las empresas españolas reconoce no disponer de tiempos establecidos para actuar frente a incidentes críticos, una carencia que dificulta la coordinación y aumenta el impacto potencial de cualquier ataque.
La situación resulta especialmente preocupante en el ámbito de la recuperación. El informe revela que el 17% de las organizaciones españolas carece de una estrategia de backup y recuperación ante desastres, el porcentaje más elevado de todos los países analizados.
La reacción sigue imponiéndose a la prevención
Los resultados del estudio sugieren que muchas compañías continúan abordando la ciberseguridad desde una lógica correctiva.
Casi la mitad de las organizaciones españolas (49%) limita sus actuaciones a resolver las vulnerabilidades detectadas tras un incidente concreto, mientras que solo tres de cada diez aprovechan esos episodios para introducir cambios estratégicos de mayor alcance en sus procesos, políticas y sistemas de protección.
Para ManageEngine, esta tendencia evidencia que numerosas organizaciones siguen viendo los ciberataques como problemas aislados y no como oportunidades para fortalecer su resiliencia operativa.
Mendoza considera que las empresas necesitan avanzar hacia modelos más maduros, basados en indicadores objetivos, procesos definidos y una revisión continua de riesgos. «Sin una metodología formal resulta difícil priorizar inversiones, asignar responsabilidades y reducir el impacto de una crisis en el negocio», advierte.
La inteligencia artificial dispara las preocupaciones
La creciente digitalización de los procesos empresariales está ampliando la superficie de exposición al riesgo. Entornos híbridos, infraestructuras distribuidas, aplicaciones críticas y servicios cloud forman ya parte del funcionamiento cotidiano de la mayoría de las organizaciones.
En este escenario, las empresas españolas identifican los ataques impulsados por inteligencia artificial como la principal amenaza para los próximos doce meses. Al mismo tiempo, la monitorización continua y la detección temprana de amenazas aparecen como las áreas prioritarias de inversión.
La monitorización continua y la detección temprana de amenazas aparecen como las áreas prioritarias de inversión
La conclusión del estudio es clara: la resiliencia ya no puede considerarse una función exclusivamente técnica ni una responsabilidad limitada a los departamentos de seguridad.
«La ciberresiliencia operativa exige pasar de una visión reactiva de la seguridad a un enfoque continuo, medible y colaborativo, en el que la tecnología, los procesos y la responsabilidad ejecutiva funcionen de forma coordinada», sostiene Mendoza.




